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El ‘Catexit’ y sus efectos en el sector asegurador

José Luis Latorre, director de suscripción de Alea Cover

Ante todo, debo indicar que este artículo de opinión no es ningún manifiesto político en ningún sentido y sí una reflexión sobre la situación que el sector asegurador se podría encontrar ante un determinado escenario político.

Hasta la fecha se ha hablado de repercusiones para la Banca de un posible ‘Catexit’. Mi objetivo con este artículo es establecer el escenario que debería afrontar el sector asegurador ante una situación de independencia de Catalunya y la creación de una “nueva república catalana” con el fin de abrir el debate, ya que lo que en estas líneas avanzo puede ser más amplio y complejo.

El presidente de la Generalitat de Catalunya ha declarado la independencia de Catalunya ¿y ahora qué puede pasar en el sector asegurador?

Para el sector asegurador se nos plantea el siguiente escenario:

En primer lugar, tenemos la automática salida de la Unión Europea (UE), por lo que, en caso de no poder llegar a un acuerdo con la UE, las leyes comunitarias dejarían de aplicarse y el Gobierno de la “nueva república catalana” debería replicar legislación europea y propia (Ley de contrato de seguro, Ley de ordenación de Seguro Privado o como las quieran denominar). Esto haría que existiese un vacío legal o inseguridad jurídica, ya que la tramitación legislativa requiere su tiempo.

Los “pasaportes comunitarios” dejarían de estar disponibles automáticamente, por lo que las entidades radicadas en Catalunya no podrían trabajar en el espacio de la UE, incluyendo España, lo que probablemente haría que las aseguradoras movieran el domicilio social y, consecuentemente, en una situación de nuevo estado, la fiscal. Es probable que ello llevaría aparejado que, de una forma proporcional, también se mudarían sus servicios centrales, provocando deslocalizaciones y movimientos de empleados. Del mismo modo, los órganos de UE, como la Comisión Europea y la Autoridad Europea de Seguros y Pensiones de Jubilación (EIOPA) dejarían de tener competencia sobre asuntos catalanes y se deberían establecer acuerdos de cooperación entre EIOPA y los reguladores de la “nueva república catalana”.

¿Puede haber opciones para mantener las relaciones tras el ‘Catexit’?

Una vez que se haya hecho efectiva la salida de la UE, la autoridad aseguradora de la “nueva república catalana” deberá plantearse las diferentes posibilidades que tiene enfrente en el ámbito regulatorio:

PAÍS NO RECONOCIDO INTERNACIONALMENTE

  • Aislarse del mundo, apoyada por los sectores más radicales del independentismo catalán.

El primer objetivo sensato, que no se prevé nada fácil, ni rápido, sería conseguir el reconocimiento internacional de naturaleza jurídica propia y, una vez superado, después de meses o años, esta situación tendría varias opciones posibles:

PAÍS RECONOCIDO INTERNACIONALMENTE

  • Firma de nuevos acuerdos bilaterales, manteniendo el libre comercio y/o establecimiento sin pertenecer al bloque europeo, similar a lo que el Gobierno canadiense está negociando.
  • Unirse a la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC), podría acceder a través de acuerdos bilaterales tipo Suiza.
  • La reintegración al Espacio Económico Europeo y la adhesión a la AELC, como el caso de Noruega, Liechtenstein e Islandia, como nuevo estado adherido.
  • Integración en la UE. Se trata de la más remota e improbable, al menos durante mucho tiempo, ya que, además del reconocimiento internacional, debe tener la unanimidad de los estados miembros, existiendo el derecho de veto por cualquiera de ellos.

Pero junto a estas cuestiones futuribles, la independencia sí tendrá consecuencias inmediatas que afecta a:

EMPRESAS:

Para las Reaseguradoras el efecto será pequeño, por el carácter transfronterizo del Reaseguro. En todo caso, la autoridad supervisora de la “nueva república catalana” debería establecer los criterios de solvencia y que fueran equivalentes a los de la UE y que esta los homologase, etc.

Las Aseguradoras en territorio catalán que quieran seguir operando en la UE, deberían trasladar domicilio social, fiscal y posiblemente operativo dentro del territorio comunitario. Este último punto es importante porque difícilmente sería aceptable que entidades que trabajen en esa “España sin Catalunya” puedan hacerlo desde un territorio foráneo. También parece razonable pensar que deberán crear filiales participadas para trabajar en la “nueva república catalana” y dotarlas de solvencia para cubrir los riesgos, eso significara nuevos desembolsos sociales para dotarlas de solvencia.

Para los Agentes y Corredores/Corredurías y Agencias de Suscripción: en el caso de los primeros, el problema, salvo casos muy aislados, es menor, por el carácter territorial limitado que estos profesionales acostumbran a tener, pero en algún caso deberían de crear empresas filiales o participadas, ya sean personas físicas o jurídicas.

Para los corredores supervisados por la Dirección General de Política Financiera y Seguros del Departamento de Economía y Finanzas de la Generalitat, ya que el ámbito de actuación se le supone mayoritariamente territorial en el ámbito catalán, deberían renunciar al negocio de fuera de Catalunya o ver si les resulta económicamente favorable crear filiales o participadas en el territorio español, ya que, recuerdo, el pasaporte comunitario esta desactivado.

En el caso de los Corredores con ámbito estatal, al igual que las Aseguradoras, deberían trasladar domicilio social, fiscal y operativo y estimar la creación de filiales en uno u otro “país”.

Las Agencias de Suscripción se encontrarían en la misma situación que las corredurías o corredores.

POSIBLES VACÍOS:

Esa “nueva república catalana” debería decidir si crear, por ejemplo, su Consorcio de Compensación de Seguros, su Pool Medioambiental o su Pool Nuclear, si lo asumen las aseguradoras locales o simplemente se deja sin coberturas al asegurado y consumidor final de terrorismo, inundaciones… También cabe otra pregunta: ¿la “nueva república catalana” también optará por crear su propio Agroseguro?

Para el Consumidor:

Estos vacíos que acabo de comentar supondrá un impacto para el consumidor, para el ciudadano. Así, la desaparición de la cobertura del Consorcio de Compensación de Seguros supondrá que las grandes catástrofes, inundaciones, terrorismo debería de ser asumida por las aseguradoras directamente o bien el Gobierno del nuevo país debería constituir algún organismo similar tan típicamente español. De igual forma se puede decir de la desaparición de Agroseguro –con el impacto que supone en la cobertura de los riesgos del sector agropecuario–, del Pool de Riesgos Medioambientales y del Nuclear. Finalmente, también dejará de ser efectivo Ofesauto y el propio baremo de daños personales en accidentes de circulación.

En estos momentos recuerdo una serie de televisión que los guionistas no sabían cómo acabarla por lo complicado del guion que se había ido creando a lo largo de los capítulos y que la acabaron despertando los protagonistas como si hubiese sido todo un sueño o una pesadilla, que cada uno escoja su opción,la mía la tengo clara.

 

26/09/2017

Del mercado y del zoco

Carlos Lluch, director técnico de Lluch & Juelich Brokers

Hace un tiempo daba una charla ante un colectivo de asesores fiscales y contables. Me permití hacerles la broma de que en su sector estaría mal visto dar un premio a la creatividad.

En otros la innovación es prácticamente todo.

Hacer las cosas de otro modo, de un mejor modo o tan solo aplicar viejos métodos y soluciones a través de un nuevo canal parece ser algo muy difícil de implementar en seguros y restringido a unos pocos iluminados o potentados capaces de resolver dilemas con mucho ingenio unos y con mucha chequera los otros. El de seguros, qué duda cabe, es uno de esos sectores conservadores en los que hasta toleramos el epíteto de “tradicional” como si fuera un piropo cuando en realidad es un claro indicador de inmovilismo en un entorno que ¡se mueve!

En estas líneas introductorias habrás adivinado, querido lector, que no me complace ser “tradicional”; añadiré, además, que no solo no me complace, sino que trabajo e invierto para no serlo.

Pero también he de decir que soy de los que son capaces de diseñar y trabajar tan solo en aquello que el marco legal permite, sumado a garantizar una relación ética con el cliente y con un comportamiento que el resto de actores del mercado pueda tolerar. Del mismo modo que soy inclemente con quienes se pasan las líneas rojas. Tanto las del derecho y la protección al consumidor como aquellas de la costumbre, que tanto hace por la convivencia pacífica y tan necesaria es para avanzar en el ámbito de la colaboración y la sinergia.

Pero, como en toda actividad humana, no todos operan con esa sensibilidad, respeto, coherencia, visión largoplacista, sentido de pertenencia o como queramos llamarlo.

He hablado de innovación, pero a veces tan solo se trata de sacarle punta a un instrumento de toda la vida y, una vez afilado, convertirlo en arma con la que hacer negocio como elefante en cacharrería. Eso, por ejemplo, es lo que estamos viendo en emprendimientos que no asesoran, no venden, no analizan riesgos ni acompañan al cliente en la elección más certera de su solución de seguro ¿para qué, si pueden vivir a costa del trabajo de otros valiéndose de la carta de mandato? Esa innovación la encontramos en apps, pero también es cada vez más frecuente que corredores de toda la vida acaben tocando suelo en el plano ético y, con ello, dinamiten el respeto que merecían en el sector.

Esto puede hasta cierto punto ser comprensible en emprendedores que vienen de otros campos del retail y han descubierto que mediante el pillaje del trabajo de otros pueden ganar decenas o centenares de miles de contratos en poco tiempo gracias a una aplicación tecnológica. Ignoran incluso ese Código Universal de Ética Profesional de los Productores de Seguros y Reaseguros que acatamos desde 1984 pues la ignorancia es atrevida.  Peor me lo ponen quienes hacen eso con una trayectoria a sus espaldas, más aún si apalancan ese acto de piratería sobornando al cliente con descuento sobre las comisiones, algo prohibido por el artículo 2.10 de dicho Código Universal. No hablo de Ley, sino de ética de negocio.

También algunos han descubierto que pueden remunerar a sus clientes para que aporten los contratos de la familia y amigos. Podríamos dar por supuesto que, para ello, les han impartido el curso de Nivel C obligatorio para todo colaborador, aplicando las correspondientes retenciones y los han incluido en su obligado Registro de Colaboradores. Pero hechas las averiguaciones oportunas resulta que no. Mal camino.

Sigamos con algunos nuevos actores cuya denominación social es “XXXX correduría de seguros SL”, con su flamante app, sus hermosas presentaciones y sus productos novedosos. Pero luego resulta que esa tal sociedad de correduría no consta en el Registro de la DGSFP y aunque informen en su web que realizan el análisis objetivo sin ser corredores, confirman ser colaboradores de varias corredurías a las cuales no identifican ¿para qué si eso no trae pasta?

Y hallamos a quienes venden seguros obligatorios temporales sobre riesgos regulados por una Ley que exige que el seguro debe hallarse en vigor todos los días del año mientras la matrícula esté en vigor. Y sin una sola indicación al consumidor relativa a que su obligación persiste y ese seguro tiene un uso limitado y extraordinario, no para cuando a uno le plazca asegurar. ¿Es eso leal con el cliente?

Y hallamos quienes hacen pólizas sin matrícula para vehículos usados de la empresa de compraventa cuando la Ley ordena que esa matrícula debe ser dada de baja y ese vehículo tan solo puede circular con placas especiales con un seguro ad-hoc. ¿Desconocen la Ley o acaso tan solo quieren satisfacer a clientes que manejan compraventas “en negro”?

¿Es eso innovación, o es otra cosa?

Difícilmente la mediación tendrá algún día una buena reputación mientras nos dediquemos a triturarla con nuestros actos y nuestra permisividad. Difícilmente las aseguradoras mantendrán nuestro respeto colectivo si apoyan este tipo de actitudes de mercado.

Así lo pienso y así os lo cuento.

12/09/2017

¿Tiene solución la sostenibilidad del sistema de pensiones? A la búsqueda de nuevas fórmulas para el sostenimiento y mejora del estado del bienestar

Carlos Biurrun, Fundador y Presidente de Community of Insurance

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. (Einstein)

El próximo 27 de septiembre se celebra en Madrid el Congreso Internacional sobre el estado del bienestar en el que intervendrán más de 20 ponentes españoles y foráneos del sector asegurador, de instituciones públicas y privadas, de la consultoría estratégica y tecnológica, de la banca y de las gestoras de patrimonios.

Como dice José Boada, presidente de Icea, organizadora del Congreso junto con la consultora Community of Insurance, “el Congreso es una buena ocasión para debatir con expertos internacionales sobre los principales retos de futuro a los que se enfrenta el Estado del Bienestar y para analizar cómo puede contribuir el seguro a aportar soluciones a esos desafíos”.

Ciertamente la agenda ha sido preparada con mucho cuidado abarcando dos de los pilares del estado del bienestar, las pensiones y la salud, además de casi otro tercer pilar como es la dependencia, muy importante ante la perspectiva de una población cada vez más envejecida que requiere más cuidados. Por otra parte los temas se analizarán también desde una visión comparada, de ahí la intervención de expertos internacionales con más experiencia en sistemas complementarios publico-privados, o desde una perspectiva digital por cuanto supone de nuevos planteamientos de solución a los retos del tratamiento de la productividad, de la gestión patrimonial o los procesos en los nuevos modelos de negocio.

Como dice José Antonio Sánchez, director general de Icea, “es una buena oportunidad para que el sector asegurador exponga la hoja de ruta de cara a ocupar un papel preponderante fundamental en el desarrollo y sostenibilidad del estado del bienestar”. “Es una buena ocasión -señala Boada-, “para escuchar propuestas de nuevas soluciones”, más allá de las de siempre.

La principal preocupación de los españoles es la economía y todo lo que conlleva de estabilidad y tranquilidad ante el futuro. Por eso no se debe soslayar el estado del bienestar. La búsqueda de soluciones para su mantenimiento y sostenibilidad debe ser la principal preocupación de los políticos con el apoyo responsable y exigencia de la sociedad, los ciudadanos y las instituciones públicas y privadas. Entre estas últimas el sector asegurador como principal conocedor y gestor de los sistemas de pensiones y de la salud.

La sostenibilidad  del estado del bienestar no es sólo cuestión de cuadrar números, es también cuestión política porque hay que tener en cuenta las prioridades, la transformación de la sociedad, la emergencia de la cuarta revolución industrial y su impacto en la productividad, los procesos, los modelos de negocio y, por qué no decirlo, el reparto de la riqueza en el mundo.

Si en plena recuperación del desastre de la segunda guerra mundial se pudieron poner las bases del actual estado del bienestar debemos ser capaces de “reinventar” las fórmulas que lo sostengan o mejoren para las generaciones futuras.

No comparto el fatalismo de muchos y tampoco la visión de quienes convierten el problema de la sostenibilidad del estado del bienestar en mera visión economicista. Con ser importante este aspecto hay otros puntos a considerar y analizar. Es preciso que abramos las mentes y nos planteemos preguntas diferentes para conseguir resultados mejores. Como decía Einstein “si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo”.

El Congreso Internacional del estado del bienestar persigue que el sector asegurador sea el tractor y líder de la “reinvención” del estado del bienestar proponiendo juntos, ponentes y participantes, soluciones nuevas, diferentes, innovadoras, inteligentes y sostenibles en el tiempo a la sociedad, a los ciudadanos y a los políticos.

Como señala Pilar González de Frutos, presidenta de Unespa, “los temas que aborda el Congreso sobre el Estado del Bienestar están de plena actualidad”. O, como señala Boada, “el Congreso es un buen lugar para escuchar nuevas soluciones”.

El Congreso del estado del bienestar del 27 de septiembre ya plantea una novedad con relación a otros similares, incorpora la visión tecnológica o de transformación digital y su incidencia en la “reinvención” del estado del bienestar.

Muchas de las nuevas soluciones que tenemos obligación de encontrar, pasan por un nuevo análisis de la información – BIG DATA – que inciden en la transformación de nuevos procesos de gestión y de su transparencia – BLOCKCHAIN – o en las nuevas formas de organización del trabajo – ROBÓTICA o INTELIGENCIA ARTIFICIAL.

Pensemos que la tecnología está produciendo avances sustanciales en la organización del trabajo y también en el reparto de la riqueza mundial.

Nos debe preocupar, como señala Klaus Schwad, creador y director del Foro de Davos, en su libro “La Cuarta revolución industrial”, “la tecnología debe servir para que la humanidad viva mejor”.

El mundo actual funciona con nuevos parámetros y es preciso incorporarlos a nuestro análisis para encontrar nuevas soluciones. Si el factor trabajo cada vez tiene menos peso en los factores de producción y en la distribución de la riqueza, no parece lógico que sigamos insistiendo solamente en la productividad que el mismo genera, olvidándonos de otros. Es un campo a explorar y plantearnos cuestiones diferentes para obtener soluciones diferentes.

Hablar de la renta básica universal ya es una cuestión transversal de políticos, empresarios y economistas, que como mínimo está entre la hipótesis de nuevos planteamientos para la solución de la sostenibilidad del estado del bienestar. Existen casos prácticos interesantes como la prueba piloto de Finlandia o del País Vasco.

Hace mucho tiempo aprendí una lección de mis maestros aseguradores, “el seguro necesita para su desarrollo estabilidad económica y clases medias”. Algo parecido se puede decir para mantener y sostener un estado del bienestar, “necesita de parámetros económicos potentes y un reparto de la riqueza que tenga en cuenta los cambios que se producen en los factores de producción como consecuencia de la transformación tecnológica”.

A modo de conclusión y resumen se puede decir que el Congreso Internacional del estado del bienestar es una cita obligada, “imperdible” para quienes están preocupados y ocupados, desde sus puestos de responsabilidad, por el mantenimiento y sostenibilidad del estado de bienestar y quieren encontrar nuevas propuestas de solución o debatir sobre las mismas.

Un enfoque, por supuesto, técnico asegurador o técnico actuarial, pero también otros necesarios como son el tecnológico – digital o el demográfico harán que este Congreso plantee nuevos escenarios de debate y de solución.

Es un problema urgente que exige muchas agallas a todos los protagonistas que participarán, los aseguradores, los consultores, los financieros y, por supuesto, los políticos, armadores de marcos legales estables equilibradores de complejas formulaciones sociales y económicas.

Por todo ello, recomiendo a quienes me leen que no pierdan ni un minuto y se inscriban, participarán de un evento único y diferente.