El II informe ‘Un empleo contra la exclusión’ arroja datos inquietantes

Exclusión social

Elaborado por la Fundación Adecco, el informe “Un empleo contra la exclusión” analiza los factores desencadenantes de las situaciones de pobreza y exclusión social

En esta ocasión, Adecco analiza e interpreta los datos del informe AROPE (at risk of poverty and/or exclusión de EAPN), las cifras oficiales de la EPA y una encuesta a 200 personas desempleadas y en riesgo de exclusión, que han encontrado recientemente una ocupación. Según AROPE están en riesgo de pobreza y exclusión aquellas personas que cumplen, al menos, uno de los siguientes criterios:

1.- Vivir en un hogar con una renta inferior al umbral de la pobreza (el 60% de la mediana de la renta nacional, fijada en 2016 en 684 euros mensuales).

2.- Encontrarse en privación material severa, no pudiendo afrontar, al menos, 4 de los siguientes gastos: vivienda, calefacción, vacaciones, alimentación básica, gastos imprevistos, teléfono, televisor en color, lavadora o automóvil.

3.- Vivir en un hogar con baja intensidad de trabajo (inferior a 0,2), definida como la relación entre el número de meses trabajados por todos los miembros de la unidad familiar y el número total de meses que podrían trabajar, como máximo, todas las personas en edad laboral de dicho hogar.

Según Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco: “aunque el desempleo sólo se menciona en el último de los 3 indicadores, es el desencadenante de todas las situaciones de pobreza y exclusión social.  El paro de larga duración y la situación de irregularidad en el trabajo son los principales responsables de que las familias tengan que subsistir con ingresos inferiores a 684 euros mensuales (umbral pobreza) o que no puedan afrontar gastos básicos como la vivienda o la calefacción (privación material severa)”.

¿Cuántas personas consideradas en riesgo de pobreza y exclusión tienen edad laboral? Cruzando los datos de AROPE con los de población proporcionados por el INE, un 30,8% de las personas entre 16 y 64 años —es decir, 9.328.216—, se encontraría en esta situación. Este porcentaje es superior a la media (27,9%).

“No parece aventurado señalar que, entre estas personas en edad laboral, nos encontramos con una elevada proporción de desempleados, así como profesionales que se encuentran en situación de irregularidad e inactivos con capacidad para trabajar, que no lo hacen por razones culturales: personas con discapacidad, mayores de 45 años que perdieron su empleo y se han retirado del mercado ante la falta de expectativas profesionales, etc, continúa Mesonero. “El desempleo, la precariedad y la inactividad, se convierten, por tanto, en los indiscutibles factores que subyacen detrás de todas las situaciones de pobreza y exclusión”.

Llama asimismo la atención el elevado porcentaje de población entre 16 y 29 años y entre 45 y 64 años que se encuentra en situación AROPE: un 37,6% y un 30,5%, respectivamente, frente al 27,1% de las personas entre 30 y 44 años.  A este respecto, Mesonero declara que: “los jóvenes y los mayores de 45 años son los que presentan mayores dificultades en su acceso al mercado laboral y ello tiene una consecuencia directa: una mayor tendencia al riesgo de pobreza y exclusión social”.

El empleo, factor de inclusión social y salud

La encuesta realizada a 200 personas en desempleo y riesgo de exclusión (por atravesar grandes dificultades económicas), que recientemente han encontrado una ocupación, revela que el empleo es un factor determinante para superar estas situaciones. Así, si el 64% de los encuestados manifestaba grandes dificultades para llegar a fin de mes cuando no tenía trabajo, sólo el 25% lo hace una vez encuentra una ocupación.

Si bien una cuarta parte sigue manifestando tener dificultades económicas cuando encuentra empleo, según Mesonero: “encontrar un trabajo, aunque sea a jornada parcial y con bajos ingresos es, para una persona en riesgo de exclusión, el primer paso para salir de una situación de bloqueo que le impide avanzar y tomar decisiones. El empleo ayuda a las personas a empoderarse, a continuar formándose y a adquirir nuevas habilidades. En definitiva, es el punto de partida para recuperar la ilusión y la motivación necesarias para buscar otras oportunidades en el medio plazo, mejorando las condiciones actuales”.

En esta línea, y según la presente encuesta, el empleo tiene otros efectos en la vida de las personas en riesgo de exclusión: un 60% admite que puede hacer frente a gastos que antes no podía permitirse y que ha incrementado su consumo en actividades de ocio y entretenimiento.

El empleo no sólo impacta en el bolsillo, también en otras esferas vitales: un 52% destaca cómo éste ha mejorado sus relaciones familiares y un 75% declara haber incrementado sus relaciones sociales. Asimismo, un 85% destaca que el empleo le hace sentirse más libre y completo y un 90% lo asocia con la mejora de su autoestima y salud emocional.

Según Francisco Mesonero: “el desempleo, especialmente cuando es de larga duración, puede derivar en el autoestigma, haciendo que las personas se retraigan en sus relaciones familiares y sociales y entren en una espiral de aislamiento, cada vez más profunda. Desde nuestras oficinas, asistimos diariamente a casos de personas que se encontraban muy abatidas y en grave riesgo de exclusión, pero que han logrado superarla gracias al empleo”.

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