Willis Towers Watson augura que las grandes catástrofes naturales marcarán el 2018

La correduría estima la magnitud de las pérdidas económicas que las catástrofes pueden causar a las aseguradoras

El 2017 será recordado en la industria aseguradora por las grandes catástrofes naturales que han sucedido en el último año. Harvey, Irma y María han supuesto un importante desafío para el sector, que se ha visto obligado a desembolsar importantes sumas de dinero a sus clientes, como consecuencia las pérdidas económicas sufridas por las tormentas y los huracanes.

Aunque es imposible predecir qué nos deparará el próximo año, Willis Towers Watson se ha propuesto dar respuesta a las tres grandes cuestiones que, a día de hoy, más preocupan en el sector.

Para empezar, la magnitud de la pérdida para la industria. En ese sentido, las estimaciones varían drásticamente. Algunas muestran menos de 50.000 millones de dólares, mientras que otras superan los 200. 000 millones. “A pesar de ello, parece existir un consenso creciente en que el total superará los 100. 000 millones de dólares, lo que irremediablemente terminará afectando a las tasas y precios, especialmente a los seguros de daños”, afirma Javier Giménez, head of broking para Willis Towers Watson Iberia.

Aunque es innegable que las aseguradoras se verán afectadas en mayor o menor medida, no hay que olvidar que la industria de seguros ha estado reportando superávits récord de resultados durante varios años, que han superado los 700. 000 millones de dólares. Por ello, Giménez indica que “aunque 100. 000 millones de dólares es una pérdida realmente relevante, consideramos que el impacto final en su cuenta de resultados no será tan grave como en un primer momento se pudo pensar”.

Si bien es imposible generalizar, se ha observado es que las aseguradoras que registren grandes pérdidas deberán compensar el flujo de salida y podrían hacerlo en primas no relacionadas con los seguros de daños. Según los expertos, “se ha observado que la rentabilidad del seguro de daños ha enmascarado el deterioro de la pérdida en otras líneas de negocios y es posible que se busque el aumento de rentabilidad en otras líneas”.

Todo indica también que en el futuro va a cambiar el patrón: hasta ahora los inversores, temiendo lo peor tras una tormenta, retrocedían y los precios de las acciones caían puntualmente, para proceder a recuperarse rápidamente. Pero la magnitud de los acontecimientos vividos este año, como el paso del huracán Irma por Florida, durante el cual se temió que impactara en las zonas pobladas, podría modificar ese comportamiento.

Si las peores previsiones se hubieran cumplido, habríamos asistido a una catástrofe mucho peor de la acaecida y, esa apreciación de la magnitud de pérdida potencial “podría, con el tiempo, influir en la percepción de la industria, aunque hasta ahora hemos visto pocos indicios de ello”, concluye Giménez.

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