Coface prevé un crecimiento global moderado y un aumento de insolvencias en 2026

Coface prevé un crecimiento global moderado y un aumento de insolvencias en 2026

Coface prevé un crecimiento económico global moderado y un aumento de las insolvencias empresariales en 2026. Mientras, la incertidumbre geopolítica impacta el comercio internacional.


2025 será recordado como un año clave para la economía mundial

Tras la victoria de Donald Trump a finales de 2024, el proteccionismo comercial entró en una nueva era, marcada por el “Día de la Liberación” (abril de 2025) y la rápida implantación de aranceles generalizados. Esta aceleración súbita disparó la incertidumbre económica a niveles inéditos, comparables a los de la pandemia de la COVID, y, más allá del impacto arancelario, sacudió toda la arquitectura geopolítica global con nuevos desafíos que marcarán la economía y el comercio mundial para este año. Entre ellos, la fractura del propio bloque atlántico, un crecimiento económico global moderado, el aumento de las insolvencias empresariales o la competitividad europea como asignatura pendiente.

Esta es la principal conclusión obtenida por Coface en su análisis de perspectivas 2026 para el comercio mundial, donde los economistas de la compañía de servicios de gestión integral de riesgo de crédito identifican las previsiones económicas de los principales mercados internacionales.

Perspectivas generales para 2026: crecimiento moderado e insolvencias persistentes

Para este año, Coface dibuja un escenario marcado por dos tendencias clave. La primera, un crecimiento global moderado y dispar por regiones. Se espera que el repunte económico mundial se sitúe en torno al 2,4-2,5 %, marcando una nueva desaceleración tras el 2,6-2,7 % previsto para 2025. Este ritmo, inferior al potencial previo a la pandemia, se ha convertido en la nueva normalidad en el contexto económico actual.

Por regiones

En Estados Unidos el crecimiento se estabilizará ligeramente por debajo del 2 %, impulsado de forma masiva por inversiones en inteligencia artificial (IA) y tecnología: centros de datos, redes, generación eléctrica. Sólo el sector de la IA representa alrededor del 20 % del crecimiento estadounidense en 2025, y casi la totalidad si se incluyen los efectos sobre el consumo derivados de las valoraciones bursátiles, que se disparan por la subida de las acciones de los grandes grupos del sector.

En Europa el crecimiento previsto se mantiene cercano al 1 %, similar a 2025. Alemania podría alcanzar el 1 % gracias al plan Merz, mientras que para Francia la previsión es del 0,6 %, aunque sigue condicionada por incertidumbres fiscales y políticas. Por su parte, China continuará su desaceleración orgánica, pese al objetivo oficial del 5 %; mientras que India mantiene un fuerte dinamismo, apoyado en sus motores internos y su baja exposición al mercado estadounidense.

La segunda variable que marcará 2026 será el aumento de insolvencias

Se espera que las quiebras empresariales continúen aumentando en 2026, aunque el ritmo de crecimiento se ralentiza. Así, para 2026, Coface anticipa un aumento global de insolvencias del +3 % al +4 %, frente al aumento previsto de entre el 6 % y 7 % para el cierre de 2025. Los sectores más afectados siguen siendo construcción y hostelería y restauración, pero también se observa un fuerte incremento entre empresas medianas con importante peso social. “Se trata a menudo de compañías históricamente frágiles cuya caída se ha acelerado por el contexto general”, afirma Frédéric Wissocq, director de suscripción para Europa Occidental y África en Coface.

Las empresas “zombi”, que sobrevivieron gracias a las ayudas por la pandemia y los bajos tipos de interés, están desapareciendo progresivamente. Sin embargo, podría surgir una nueva ola de insolvencias con la expansión gradual de tecnologías —especialmente la IA— en el tejido productivo, lo que Jean-Christophe Caffet, economista jefe del Grupo Coface, describe como “creación destructiva” más que “destrucción creativa”, al menos durante una fase inicial de transición.

Foco Europa: la competitividad de la región, entre las esperanzas del informe Draghi y la realidad de su aplicación

El 2025 ha confirmado que la economía se utiliza con fines geoestratégicos. Las relaciones internacionales se estructuran en torno a dinámicas de poder, donde aranceles, restricciones a la exportación y sanciones económicas se convierten en auténticas armas de coerción. Frente a esta situación, la fragmentación del mundo se intensifica en 2026 con un fenómeno nuevo: la fractura del propio bloque atlántico, que afectará directamente a Europa.

Frédéric Wissocq

“La fragmentación se acelera y la economía se convierte en herramienta de coerción. Antes se hablaba de la heterogeneidad del sur global, pero hoy es la relación transatlántica la que genera verdadera preocupación. Esta revisión de la alianza histórica obliga a Europa a replantear urgentemente su postura estratégica, especialmente en materia de defensa, en un contexto de fuertes restricciones presupuestarias en varios países del continente”.

Europa ha sabido diagnosticar claramente sus debilidades

El informe Draghi sobre competitividad y el informe Letta sobre el mercado único han identificado los principales problemas estructurales del continente: retraso frente a Estados Unidos y China en innovación, fragmentación del mercado único, costes energéticos elevados y dependencias estratégicas excesivas. Frente a esta situación, la respuesta europea se articula en torno al “Compás de Competitividad”, que fija un rumbo estratégico ambicioso para 2029 basado en varias áreas clave: cerrar la brecha en tecnologías avanzadas, desarrollar un plan coherente que combine descarbonización y competitividad, reforzar la seguridad reduciendo dependencias y acelerar el proceso de integración política.

Sin embargo, “actualmente, una de las mayores preocupaciones es el retraso en la aplicación operativa de las recomendaciones de los informes Draghi y Letta”, declara Jean-Christophe Caffet. Y es que, aunque se han lanzado algunos proyectos —gigafactorías, simplificación administrativa para pymes, aceleración en permisos mineros— el ritmo está muy por debajo de lo necesario para responder a la urgencia. El plan Draghi preveía inversiones anuales de entre 750.000 y 800.000 millones de euros para impulsar la competitividad europea, pero la movilización efectiva de estos recursos se está viendo frenada por restricciones presupuestarias en muchos estados miembros y/o reticencias políticas a emitir deuda conjunta.

El caso alemán ilustra perfectamente esta tensión entre ambición y realidad

La llegada de Friedrich Merz al poder en 2025 marcó un cambio en la política económica alemana, tradicionalmente basada en la disciplina fiscal. Alemania ha anunciado un ambicioso plan de estímulo de 850.000 millones de euros en diez años, destinado a infraestructuras, defensa y transición ecológica. Aunque este cambio podría generar efectos positivos en toda Europa, especialmente para subcontratistas franceses y países vecinos, persisten incertidumbres sobre la ejecución y el calendario del gasto, dada la cautela habitual alemana en materia fiscal.

Perspectivas futuras de las empresas europeas

Los expertos de Coface identifican varios frentes para este ejercicio: proteccionismo estadounidense, competencia China e inestabilidad política regional.

Pese a los temores iniciales, los aranceles de EE. UU. no han provocado grandes distorsiones para los exportadores europeos. Las tasas efectivas se sitúan actualmente en torno al 16-17 % a escala global, un nivel que afecta a Europa tanto como a sus competidores. “Europa no está más gravada que el resto del mundo e, incluso, menos en algunos productos que exporta a Estados Unidos”, señala Jean-Christophe Caffet. El análisis sugiere que, a nivel macroeconómico, alrededor del 80 % del coste arancelario lo asumen entidades estadounidenses —empresas o consumidores— y no los exportadores extranjeros, en contra de lo que afirma la administración de Trump.

Así, el verdadero peligro para la industria europea se encuentra en otro frente: el “segundo shock chino”, caracterizado por un dumping masivo de la sobreproducción china en el mercado europeo, tal y como indica Frédéric Wissocq. Este riesgo se explica por la combinación de sobrecapacidad china y aranceles estadounidenses, que dificultan el acceso al mercado norteamericano. Por ahora, China ha logrado redirigir sus exportaciones hacia Europa (+6 % interanual) y, sobre todo, hacia terceros países o “conectores”, como Vietnam (+20 %).

Jean-Christophe Caffet

Esta ofensiva comercial china ejerce una fuerte presión deflacionaria: la brecha de precios entre productos chinos y europeos se ha ampliado 30 puntos desde la reapertura post-COVID, llegando a más de 40 puntos si se consideran las fluctuaciones cambiarias. ”Esta sobrecapacidad china deprime los precios de producción, estrangulando la facturación y, en consecuencia, los márgenes de los fabricantes europeos. No es un fenómeno temporal, sino una tendencia significativa y probablemente duradera”.

Algunos sectores están especialmente afectados, como el de vehículos eléctricos, donde China ha dado un salto espectacular hacia la gama alta; el de bienes de equipo, especialmente los relacionados con la producción de energía libre de carbono; o el de metales, cuyos dos principales mercados —construcción y automoción— están en desaceleración.

La incertidumbre pesa sobre la confianza de los agentes económicos, frenando el consumo y generando una marcada prudencia en las decisiones de inversión.

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