
China crecerá por encima de la media mundial, pero exportaciones, consumo y rivalidad con EE. UU. limitan su dinamismo.
Crédito y Caución ha elaborado un informe sobre las perspectivas de crecimiento económico de los principales mercados globales en 2026 y 2027. En el caso de China, se prevé una desaceleración de su economía a medida que se desvanece el impulso de las exportaciones y persisten los retos estructurales. Así, se prevé que el crecimiento de su PIB se quede en el 4,4% para este año y el próximo, por debajo de los niveles registrados en 2024 (5%) y 2025 (4,8%).
Varios factores explican la pérdida de impulso de la economía de China
Por una parte, la inversión privada en infraestructuras de inteligencia artificial que está impulsando el crecimiento en otros importantes mercados, como Estados Unidos, es sustancialmente menor en el caso del país asiático, dejando un impacto limitado en el PIB local.
Por otra parte, aunque el acuerdo comercial entre Estados Unidos y China alivió un periodo de gran tensión, al revocar una serie de aranceles y controles a la exportación, todavía arroja mucha incertidumbre en el contexto internacional. La relación entre ambos países sigue marcada por la desconfianza y la rivalidad.
Además, el crecimiento de las exportaciones está empezando a perder impulso, fruto de la anticipación de compras que se produjo en el primer trimestre de 2025 para evitar los aranceles. Sin embargo, en el mes de octubre, las exportaciones disminuyeron un 1,1 % interanual, mientras que las importaciones aumentaron un 1%, según datos de aduanas. En este escenario, se prevé que el crecimiento de las exportaciones se ralentice a lo largo de 2026.
Por otra parte, el crecimiento del consumo sigue viéndose frenado por el elevado nivel del ahorro preventivo y la corrección del mercado inmobiliario, a pesar del aumento de los ingresos y el incremento del gasto social.
La inversión pública es mucho más sólida que la privada
El Gobierno está acelerando el gasto en infraestructuras, en particular en proyectos estratégicos que refuerzan la resiliencia de China frente a los desastres naturales y los conflictos geopolíticos. Junto a ello, las presiones deflacionistas están llevando a los responsables políticos a intentar reactivar la economía mediante el gasto público y la flexibilización monetaria, previsiblemente a través de medidas como nuevas reducciones del tipo de interés oficial, una menor ratio de reservas mínimas y la concesión de tipos de interés preferenciales
Estas iniciativas, junto con la ampliación y expansión del programa de intercambio para incluir teléfonos inteligentes además de electrodomésticos, beneficiarán principalmente a los grupos de bajos ingresos, que tienen una mayor propensión al consumo.
En resumen, la economía de China seguirá mostrando un mejor comportamiento que la media global, con una previsión de crecimiento del 4,4% en 2026, frente al 2,8% a nivel mundial. Sin embargo, tendrá que hacer frente a importantes retos que están ralentizando su dinamismo, como el enfriamiento de las exportaciones.