
Manuel Alonso, director comercial de OVB España, analiza la importancia de los seguros de vida en 2026 para proteger a la familia y garantizar estabilidad financiera ante imprevistos.
Cada comienzo de año viene acompañado de una lista de propósitos que se repite casi sin pensar: ahorrar más, organizar mejor el tiempo, reducir el estrés, vivir con más calma. Pero hay un propósito silencioso que rara vez aparece escrito y que, sin embargo, condiciona todos los demás: protegerse. No hablamos solo de prevenir imprevistos, sino de construir un sistema que permita sostener a la familia si algo cambia de forma inesperada. Pensar en un seguro de vida no es una cuestión de edad, es una cuestión de responsabilidad. Y hacerlo ahora, al inicio de 2026, permite tomar decisiones sin miedo ni urgencias.
Manuel Alonso, director comercial de OVB España
“La protección no es un gesto dramático ni una anticipación de catástrofes. Es una forma de cuidar lo importante. Cuando tienes una red de seguridad, cada decisión se toma con más serenidad”. Su visión apunta a algo que rara vez se dice: el seguro de vida no es para quien lo contrata, sino para quienes dependerían de sus ingresos si algo se tuerce.
Una de las razones por las que este tema se evita es psicológica
Existe el llamado “sesgo de invulnerabilidad”: la creencia de que las cosas graves les ocurren a otros. Por eso muchas personas solo piensan en protección cuando ya atraviesan un momento complicado. Paradójicamente, la decisión más sensata es la contraria: revisar estas cuestiones cuando todo va bien. En esos periodos de estabilidad se puede analizar la situación con objetividad, comparar coberturas y ajustar el nivel de protección a la vida real. “Las mejores decisiones financieras siempre se toman en calma”, señala Alonso.
Para elegir bien, antes hay que observar la propia situación
La protección no empieza con la póliza, sino con un ejercicio honesto: entender quién depende de nuestros ingresos, qué deudas existen, cuánta estabilidad laboral tenemos y qué margen financiero habría si desapareciera de golpe una parte importante del salario. Esa fotografía permite dimensionar la cobertura sin excesos ni carencias. Muchas personas descubren que no necesitan un capital enorme, sino el adecuado para dar tiempo a su familia a reorganizarse.
Un error extendido es pensar que un seguro de vida se limita al fallecimiento
En realidad, las coberturas de incapacidad permanente suelen ser igual de determinantes, especialmente para autónomos y profesionales cuyo sustento depende íntegramente de su capacidad laboral. Perder ingresos de forma repentina es uno de los riesgos menos visibles pero más devastadores para un hogar. “No contar con una capa de protección puede convertir un bache en un problema estructural”, advierte Alonso. “Una póliza bien diseñada amortigua ese impacto”.
Mitos que conviene desmontar
Uno de ellos es que los seguros de vida son caros. La realidad es que la mayoría son más accesibles de lo que se imagina y se pueden ajustar a capitales razonables, con pagos mensuales sostenibles y revisiones periódicas. Otro mito es que solo tienen sentido a partir de cierta edad. La verdad es que la etapa más determinante suele coincidir con hipotecas, hijos pequeños o ingresos inestables, es decir, con perfiles jóvenes que están construyendo su proyecto vital. “La protección es más efectiva cuando acompaña a la vida, no cuando llega tarde”, subraya Alonso.
La estabilidad no se improvisa
Una familia joven que asesoramos vivía con dos sueldos y una hipoteca reciente. No tenían seguro porque se consideraban “demasiado jóvenes para eso”. Cuando uno de ellos sufrió una baja prolongada, descubrieron que no contaban con margen financiero. Tras reorganizar su situación y contratar una cobertura adaptada, reconocieron que, de haberla tenido antes, habrían vivido ese periodo con mucha más tranquilidad. La enseñanza es sencilla: la estabilidad no se improvisa.
Para quienes se planteen este paso, basta con una guía simple: revisar necesidades, calcular un capital sensato, entender bien qué cubre la póliza, preguntar todas las dudas y ajustar el coste a un nivel sostenible. No se trata de añadir una carga, sino de ganar tranquilidad.
“Protegerse no es vivir con miedo”, concluye Alonso. “Es vivir con libertad. Un seguro de vida no cambia la vida de hoy, pero cambia la forma en la que se vive lo inesperado. Y esa diferencia, en muchos hogares, es enorme”.