La presión fiscal sobre las empresas españolas supera la media de la Unión Europea

La presión fiscal sobre las empresas españolas supera la media de la Unión Europea

La presión fiscal sobre las empresas españolas supera la media europea, según la Comisión Europea y la OCDE, y reabre el debate sobre carga tributaria efectiva, competitividad y planificación fiscal legal. La combinación de Sociedades, cotizaciones sociales y tributos autonómicos eleva el esfuerzo fiscal empresarial y condiciona la competitividad frente a países como Irlanda o Países Bajos.


La carga tributaria efectiva que soportan las compañías españolas vuelve a situarse en el centro del debate económico y jurídico. Mientras el Gobierno defiende una fiscalidad alineada con los estándares europeos, empresas y expertos alertan de una presión creciente que condiciona la competitividad y obliga a explorar con rigor los resortes legales disponibles.

La presión fiscal sobre las empresas en España se ha intensificado en los últimos ejercicios

En un contexto marcado por el aumento del gasto público, la necesidad de consolidación presupuestaria y la adaptación a los compromisos fiscales europeos. Aunque el tipo nominal del Impuesto sobre Sociedades se mantiene en el 25 %, el foco ya no está tanto en el porcentaje legal como en la carga efectiva real que soportan las compañías, especialmente las medianas y grandes.

Según datos de la Comisión Europea y de la OCDE, la presión fiscal empresarial efectiva en España se sitúa por encima de la media de la Unión Europea. Particularmente si se tiene en cuenta el conjunto de impuestos que gravan la actividad económica: Sociedades, cotizaciones sociales, tributos autonómicos y locales, y una creciente fiscalidad indirecta. Esta combinación genera, en la práctica, un esfuerzo fiscal superior al de países competidores como Irlanda, Países Bajos o algunos Estados del Este, que han optado por modelos más agresivos de atracción empresarial.

“El problema no es solo el Impuesto sobre Sociedades, sino la suma de capas fiscales que se superponen y que no siempre tienen en cuenta la realidad económica de las empresas”, explica José Montero, socio fundador de Montero de Cisneros Abogados que lleva años asesorando fiscalmente a medianas y grandes empresas en nuestro país. “España ha ido incorporando figuras tributarias y recargos que, en conjunto, elevan notablemente el coste de operar, incluso para compañías rentables pero intensivas en empleo”.

Un marco fiscal más exigente que el europeo

La comparación con Europa revela diferencias estructurales relevantes. Mientras países como Alemania o Francia presentan tipos nominales elevados, compensan esa carga con deducciones estables, incentivos claros a la inversión y seguridad jurídica. En España, en cambio, las empresas se enfrentan a un entorno normativo cambiante, con modificaciones frecuentes y una interpretación administrativa cada vez más restrictiva.

A ello se suma el incremento de la presión inspectora y sancionadora

La Agencia Tributaria ha reforzado en los últimos años sus planes de control, poniendo el acento en grandes empresas, grupos consolidados y operaciones vinculadas. “Nos encontramos con un escenario en el que la planificación fiscal legítima se mira con sospecha”, señala Montero. “Eso genera inseguridad y obliga a las empresas a extremar la prudencia, incluso cuando actúan dentro de la legalidad”.

En este contexto, muchas compañías perciben que España se aleja de una fiscalidad competitiva y previsible, uno de los factores clave para atraer inversión extranjera y retener tejido productivo nacional.

Qué puede hacer legalmente una empresa

Frente a este escenario, el ordenamiento jurídico ofrece mecanismos legales para optimizar la carga fiscal, siempre dentro de la normativa vigente. La planificación fiscal no es evasión, sino una herramienta reconocida por el propio Derecho tributario, basada en el principio de economía de opción.

Entre los resortes más habituales se encuentran el aprovechamiento de deducciones por inversión, innovación y creación de empleo, la correcta estructuración de grupos empresariales, la compensación de bases imponibles negativas y una gestión eficiente de las operaciones intragrupo. También cobra relevancia la elección de la forma societaria y la localización de determinadas actividades.

Muchas empresas pagan más impuestos de los que deberían por desconocimiento o por miedo a un conflicto con la Administración. El Derecho permite elegir la opción fiscal menos gravosa cuando existen varias alternativas legales, y eso es algo que en otros países europeos está plenamente asumido.

Asimismo, el recurso a la vía económico-administrativa y contenciosa se ha convertido en una herramienta habitual ante liquidaciones que las empresas consideran desproporcionadas o incorrectas. España registra un elevado volumen de litigios tributarios, lo que refleja la tensión existente entre contribuyentes y Administración.

Impacto en competitividad y decisiones empresariales

La presión fiscal no es un debate abstracto. Tiene consecuencias directas en decisiones clave como la inversión, la contratación o la internacionalización. En sectores con márgenes ajustados, un aumento sostenido de la carga tributaria puede marcar la diferencia entre crecer o estancarse.

El debate sobre la presión fiscal empresarial en España sigue abierto, en un momento en el que la economía busca consolidar su crecimiento y adaptarse a un entorno internacional cada vez más competitivo. Mientras tanto, las empresas se mueven en un delicado equilibrio entre cumplir con sus obligaciones y defender, con las herramientas legales disponibles, su viabilidad y su capacidad de competir en igualdad de condiciones dentro del mercado europeo.

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