
El Carnaval es sinónimo de creatividad, humor y transgresión festiva, pero no todo vale desde el punto de vista legal. Con motivo de estas celebraciones, onLygal, especialista en soluciones de protección jurídica y servicios legales, ha difundido una serie de recomendaciones para evitar que un disfraz termine generando problemas administrativos o incluso penales.
“Son muchas las personas que desconocen que, aun de forma involuntaria, un disfraz puede cruzar la línea de lo legal. El Carnaval es una celebración creativa y divertida, pero también está sujeta a normas pensadas para proteger la convivencia y la seguridad pública”, explica Natàlia Mañas, abogada de la compañía.
Disfrazarse de autoridad puede acarrear consecuencias
Uno de los principales riesgos legales está en el uso de uniformes o distintivos que puedan confundirse con los de cuerpos y fuerzas de seguridad, militares, personal sanitario o servicios de emergencia. La normativa prohíbe la usurpación de funciones públicas, por lo que un disfraz que induzca a error podría derivar en sanciones si genera confusión en un espacio público.
Cuidado con los símbolos y los mensajes
La legislación también regula el uso de banderas, escudos y emblemas oficiales. Además, la exhibición de simbología que fomente el odio, la violencia o la discriminación puede conllevar sanciones administrativas e incluso la expulsión de eventos. Disfraces con mensajes racistas, sexistas u ofensivos no quedan amparados por el carácter festivo de la celebración.
Máscaras y réplicas de armas, bajo control
Aunque las máscaras forman parte del imaginario del Carnaval, la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana permite restringir su uso cuando exista riesgo para la seguridad o se impida la identificación. Tampoco está permitido portar réplicas de armas, objetos peligrosos o material pirotécnico fuera de los supuestos autorizados, incluso cuando formen parte del disfraz.
Personajes famosos y derechos de autor
Disfrazarse de un personaje conocido es legal en el ámbito personal y recreativo. Sin embargo, si el uso tiene fines comerciales, publicitarios o profesionales, puede requerir autorización del titular de los derechos de imagen o de autor. Un aspecto poco considerado en fiestas organizadas por marcas o en actividades promocionales.
El contexto, factor determinante
Un atuendo aceptable en un desfile o en una fiesta popular puede resultar problemático en otros entornos como aeropuertos, estaciones de transporte o edificios oficiales. El lugar y las circunstancias influyen en la valoración jurídica.
“Conviene saber que no todo vale bajo el paraguas del Carnaval. Elegir un disfraz sin tener en cuenta estos aspectos puede derivar en sanciones económicas, la retirada del vestuario o incluso la expulsión del evento. En casos más graves, si se pone en riesgo la seguridad o se vulneran derechos fundamentales, las consecuencias pueden ir más allá”, concluye Mañas.
Con estas recomendaciones, onLygal busca fomentar un Carnaval seguro y responsable, en el que la diversión no choque con los límites legales.