
El envejecimiento poblacional está transformando de forma profunda el consumo, la distribución de los recursos y el peso económico de los hogares en España. Los mayores de 55 años concentran ya el 68% del ahorro total y el 43% de los recursos económicos, consolidándose como uno de los principales motores financieros del país.
Así se desprende del informe ‘Ingresos y gastos de los hogares españoles por edad y género’, promovido por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación MAPFRE y la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA). Se trata del primer análisis que cuantifica cuánto ingresa, consume, aporta y recibe del Estado cada español según su edad y género, ofreciendo una radiografía detallada del impacto económico de la longevidad.
Tres grandes grupos económicos por edad
El estudio identifica tres grandes segmentos poblacionales:
- Jóvenes (hasta 29 años): presentan alta dependencia económica, financiada principalmente por las familias y el Estado. Este grupo concentra el 21,6% de los recursos totales.
- Adultos de 30 a 54 años: constituyen el motor productivo y fiscal del país. Movilizan 606.852 millones de euros en recursos y aportan más de la mitad de los impuestos y cotizaciones sociales.
- Mayores de 55 años: son el grupo con mayor ahorro medio y un peso económico superior a su proporción demográfica.
En total, los recursos de los hogares españoles alcanzan 1,53 billones de euros (equivalente al 111% del PIB), con una media anual de 32.391 euros por persona.
El papel clave de la economía sénior
En 2022, los mayores de 55 años sumaban 16,1 millones de personas (34% de la población) y generaban el 32,8% del PIB. Este colectivo concentra 592.719 millones de euros en recursos, recibe 183.070 millones en prestaciones —fundamentalmente pensiones— y aporta 138.173 millones en impuestos y cotizaciones, el 34,5% del total.
Además, acumula el 68% del ahorro de los hogares (73.578 millones de euros), lo que evidencia su peso financiero y patrimonial.
Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación MAPFRE, subrayó que “los mayores de 55 años no son únicamente perceptores de prestaciones, sino un colectivo con un enorme peso económico: son ahorradores, consumidores activos, sostienen redes familiares mediante transferencias intergeneracionales y constituyen un pilar fundamental de estabilidad financiera y patrimonial”.
En la misma línea, Ángel de la Fuente, director ejecutivo de FEDEA, destacó que el análisis permite “observar con precisión los patrones de ingresos y gasto a lo largo del ciclo vital y los flujos redistributivos que se producen a través del sector público y dentro de los propios hogares”.
La familia, complemento del Estado del bienestar
Más allá del sector público, el estudio cuantifica por primera vez las transferencias internas dentro de los hogares, que ascienden a 130.000 millones de euros anuales. De esa cifra, 103.000 millones proceden del grupo de 30 a 54 años y cerca de 27.000 millones del colectivo sénior.
Estos flujos financian principalmente el consumo de niños y jóvenes, consolidando a la familia como un pilar complementario del Estado del bienestar en la redistribución intergeneracional.
Brecha de género y desigualdades acumuladas
El informe también revela diferencias significativas por género. Los hombres concentran mayores rentas del trabajo (462.461 millones frente a 326.686 millones en mujeres) y niveles de ahorro superiores (73.277 millones frente a 34.897 millones). Estas brechas influyen en el saldo fiscal y en la autonomía económica en edades avanzadas.
El consumo aumenta en edades avanzadas
El consumo privado medio anual en España se sitúa en 12.088 euros por persona, pero asciende a 13.511 euros en el grupo de 55 años o más. En el colectivo sénior, el consumo privado medio alcanza los 16.406 euros, un 14,4% más que en el tramo de 30 a 54 años y un 15,7% superior a la media nacional.
El mayor gasto sanitario, el peso de la vivienda y el incremento del consumo en ocio, bienestar y servicios personales explican esta tendencia, que está configurando el desarrollo de la llamada economía sénior.
Un sistema de transferencias intergeneracionales
El informe concluye que el Estado del bienestar funciona como un sistema de redistribución a lo largo del ciclo vital: los adultos en edad activa financian buena parte del gasto público destinado a jóvenes y mayores, mientras que la población sénior sostiene redes familiares y aporta de forma significativa a la financiación pública.
En un contexto de envejecimiento acelerado y baja natalidad, comprender estos flujos económicos resulta clave para anticipar reformas en políticas públicas, sostenibilidad del sistema y estrategias empresariales adaptadas a una sociedad cada vez más longeva.