Instituto Santalucía analiza el impacto económico de la inmigración

La inmigración impulsa el crecimiento en España sin efectos negativos en empleo y salarios, según el Instituto Santalucía

La inmigración se ha consolidado como un factor estructural clave para la economía española, sin generar efectos negativos significativos sobre el empleo ni los salarios de la población nativa. Así lo concluye el informe “Análisis de algunos efectos económicos de la inmigración en España”, presentado por el Instituto Santalucía.

El estudio, elaborado por Raquel Carrasco, destaca que la población inmigrante ha contribuido de forma relevante al crecimiento económico reciente y al funcionamiento del mercado laboral, especialmente en la última década.

Sin impacto negativo general en empleo y salarios

Uno de los principales hallazgos del informe es que, en términos agregados, no se observan efectos adversos relevantes de la inmigración sobre el empleo o los salarios de los trabajadores españoles. No obstante, sí se identifican ajustes en determinados colectivos, especialmente entre jóvenes nativos con menor cualificación que compiten en ocupaciones similares.

En estos casos, el estudio apunta a fenómenos como la movilidad laboral interna o la necesidad de reforzar políticas activas de empleo, formación y orientación.

Motor del crecimiento económico

Desde una perspectiva macroeconómica, la inmigración actúa principalmente a través del aumento de la oferta laboral. Según datos citados en el informe de Funcas, la incorporación de trabajadores extranjeros explica aproximadamente el 47% del crecimiento acumulado del PIB en España entre 2022 y 2025, equivalente a 4,2 puntos porcentuales.

Impacto fiscal “modesto” pero condicionado por la integración

El informe concluye que el impacto fiscal de la inmigración es, en promedio, “modesto”, es decir, ni supone un coste elevado ni genera un gran superávit para las cuentas públicas. Sin embargo, este balance depende en gran medida del grado de integración laboral.

En este sentido, la inserción temprana en el empleo formal se identifica como un factor clave para mejorar la contribución fiscal. Como ejemplo, el estudio recuerda la regularización de 2005, que permitió aumentar la recaudación y reducir la economía sumergida sin efectos negativos sobre el empleo nativo.

Uso de servicios sanitarios y percepción social

En el ámbito sanitario, el análisis indica que la población inmigrante hace un uso similar o ligeramente inferior de la atención primaria respecto a la población nativa, y menor en el caso de la atención especializada. En urgencias, el uso puede ser algo mayor en determinados colectivos, lo que el informe atribuye a posibles barreras de acceso al sistema.

Asimismo, el estudio desmonta uno de los principales mitos asociados a la inmigración: no existe una relación directa entre inmigración y delincuencia a nivel agregado. En España, incluso en periodos de fuerte crecimiento de la población extranjera, no se ha observado un aumento proporcional de la criminalidad.

Retos: integración, cualificación y coordinación europea

Pese al balance positivo, el informe identifica varios desafíos para maximizar los beneficios de la inmigración. Entre ellos destacan la necesidad de agilizar la homologación de titulaciones, mejorar los mecanismos de transición laboral para los trabajadores más expuestos a la competencia y reforzar la coordinación con la Unión Europea.

José Manuel Jiménez subraya que el debate debe centrarse en la gestión: “La pregunta clave no es ‘inmigración sí o no’, sino cómo la gestionamos. Si fortalecemos la integración y dimensionamos adecuadamente los servicios públicos, los beneficios pueden repartirse mejor y reducir tensiones sociales”.

Políticas clave para maximizar el impacto positivo

El documento concluye que las políticas más eficaces son aquellas que aceleran la inserción laboral formal, favorecen la progresión profesional de los inmigrantes y refuerzan la capacidad de absorción de los territorios, especialmente en ámbitos como la vivienda y los servicios públicos.

En conjunto, el informe sitúa la inmigración como un elemento estructural de la economía española, cuyo impacto dependerá en gran medida de la calidad de las políticas de integración y del equilibrio entre crecimiento económico y cohesión social.

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