
El modelo de pensiones australiano se consolida como referencia internacional por su sistema de capitalización obligatoria y su impacto en el crecimiento económico y el ahorro previsional.
El modelo australiano de pensiones se ha consolidado como un referente internacional de éxito por su capacidad de reforzar el ahorro para la jubilación y, al mismo tiempo, apoyar el crecimiento económico. Así lo pone de relieve el informe Superannuation Australia: un caso de éxito, elaborado por el INSTITUTO SANTALUCÍA, órgano de reflexión del Grupo Santalucía.
Este informe, redactado por Fernando Martínez-Cue, socio fundador de Martínez-Cue & Asociados y consultor asociado a LoRIS Retirement, destaca el papel central de Superannuation, el sistema obligatorio de pensiones de empleo de capitalización australiano, que ha contribuido a que el PIB australiano sea aproximadamente un 2 % más alto de lo que habría sido en ausencia de éste, según la Asociación de Fondos de Superannuation de Australia (ASFA).
Fortaleza del modelo
Según el informe, si bien Australia tiene tan solo 27 millones de habitantes y 14,7 millones de trabajadores, el país cuenta con el quinto mayor mercado de pensiones de capitalización del mundo -tras los de EEUU, Japón, Canadá y Reino Unido-, con activos bajo gestión de 2,6 billones de dólares estadounidenses a cierre de 2024, equivalentes a más del 146 % de su PIB, de acuerdo con el estudio Global Pensions Asset 2025 de Thinking Ahead Institute. Además, el Índice Global de las Pensiones 2025 de Mercer-CFA Institute sitúa al sistema de pensiones de Australia como el 7º mejor sistema de pensiones del mundo.
José Manuel Jiménez Rodríguez, director del INSTITUTO SANTALUCÍA
“El gran tamaño de los fondos de pensiones permite economías de escala que benefician a los participantes en Superannuation y a los beneficiarios perceptores de prestaciones, financiando al mismo tiempo el desarrollo económico nacional. Además, la naturaleza a largo plazo de las inversiones de los fondos de pensiones provee de estabilidad contracíclica durante crisis económicas”.
El documento subraya que esos fondos no solo cumplen una función de previsión social, sino que actúan como grandes inversores institucionales en infraestructuras, vivienda, empresas, deuda pública, mercados de capitales y proyectos ligados a la transición energética, posicionándose como un motor para la economía nacional, el crecimiento y la creación de empleo. De acuerdo con el estudio, los fondos Super han invertido significativamente en proyectos de infraestructura nacional (carreteras, autopistas, puertos, energía), reduciendo la dependencia de la financiación pública y/o deuda externa, ya que es el propio ahorro nacional quien financia el desarrollo del país.
Tres pilares
El modelo australiano se articula sobre tres pilares:
- El primero es la Age Pension, una pensión pública básica, no contributiva, financiada con impuestos generales, basada en residencia y sujeta a pruebas de ingresos y patrimonio.
- El segundo es Superannuation, un sistema obligatorio de ahorro para la jubilación vinculado al empleo, de capitalización y gestionado por entidades privadas.
- El tercero lo conforma el ahorro voluntario complementario, que puede realizarse también a través de los propios fondos Super.
El peso del segundo pilar, Superannuation, explica buena parte de la fortaleza del sistema. Desde el 1 de julio de 2025, la aportación obligatoria del empleador asciende al 12 % del salario ordinario. La participación es obligatoria para todos los trabajadores por cuenta ajena de entre 18 y 67 años, independientemente de su nivel de ingresos y del tipo de salario, y el sistema permite, además, reforzar el ahorro con aportaciones voluntarias, tanto antes como después de impuestos. Para los trabajadores con ingresos bajos o medios, el Estado aporta 50 centavos por cada dólar que el trabajador aporte al Superannuation, hasta un máximo de 500 dólares australianos anuales.
Retos del modelo
En sus conclusiones, el estudio señala que el sistema australiano de Superannuation puede considerarse, en términos generales, un caso de éxito: tras casi 35 años desde su implantación, ha contribuido a generar aproximadamente 1 billón de dólares en ahorro adicional para los hogares australianos y ha ido reduciendo progresivamente la dependencia de la pensión pública como fuente principal de ingresos en la jubilación.
Ahora bien, el propio informe insiste en que ese balance positivo convive con retos relevantes. Entre ellos, destaca la desigualdad en la distribución de los saldos acumulados y la persistencia de la brecha de género: con datos de junio de 2023, los saldos de Superannuation se situaban en un promedio de 192.119 dólares en el caso de los hombres, con una mediana de saldo de 68.568. En el caso de las mujeres, los derechos económicos promedio se situaban en 154.641 dólares y la mediana en 54.349 dólares.
Otro de los retos del Sistema Australiano es la mejora en la suficiencia de ingresos durante la jubilación, tal y como muestra el Global Pension Index, que otorga al mismo las puntuaciones más altas en Sostenibilidad e Integridad (Grado A), pero que reconoce áreas de mejora en Adecuación/suficiencia (Grado B).
Áreas de mejora
Reducir las cuentas múltiples de Super (no deseadas) por cada trabajador y lograr la consolidación de cuentas. En ese sentido, las medidas adoptadas por el Gobierno están siendo efectivas. Actualmente, el 78% de los australianos tiene una sola cuenta Super.
La OCDE plantea nuevas reformas para reforzar la productividad y volver al propósito original de la Super de garantizar los ingresos de jubilación suficientes, en lugar de proporcionar beneficios fiscales para la acumulación de riqueza. Según recomienda la OCDE, los incentivos fiscales deberían estar calibrados para no desviar capital de usos más productivos en la economía.