
Una hoja de ruta impulsada junto a expertos plantea tolerancia cero contra las drogas al volante, más controles y programas de rehabilitación para reducir la siniestralidad
Fundación Mapfre y el Consejo Europeo de Seguridad en el Transporte han impulsado, junto a instituciones públicas y privadas, expertos internacionales y asociaciones de víctimas, una hoja de ruta con 23 medidas para prevenir la conducción bajo los efectos de las drogas en España y Europa.
La iniciativa se ha presentado durante el ‘Seminario Internacional sobre conducción bajo los efectos de las drogas’, donde se ha puesto el foco en el impacto de estas sustancias —distintas del alcohol— en la seguridad vial. Según los datos expuestos, uno de cada seis conductores fallecidos en accidente de tráfico en España da positivo en drogas, principalmente cocaína y cannabis, lo que evidencia la magnitud del problema y su impacto directo en la siniestralidad.
Un problema creciente que exige una respuesta integral
El consumo de drogas, incluso en cantidades reducidas, afecta de forma directa a la capacidad de conducción, al provocar alteraciones como somnolencia, pérdida de coordinación, disminución de la atención o una menor percepción del riesgo. Estos efectos, incompatibles con una conducción segura, incrementan de forma significativa la probabilidad de accidente.
Ante esta realidad, distintos países europeos han reforzado sus estrategias de prevención y control en los últimos años. En este contexto, la hoja de ruta impulsada por Fundación Mapfre y el ETSC plantea un enfoque integral que combina educación, concienciación, control y rehabilitación, con el objetivo de reducir el impacto de las drogas en la seguridad vial.
Durante el encuentro, expertos como Antonio Guzmán, director de Seguridad Vial, Salud y Prevención de Fundación Mapfre, o Álvaro Gómez, del Dirección General de Tráfico, coincidieron en la necesidad de abordar este fenómeno desde una perspectiva coordinada que integre formación, vigilancia e intervención sanitaria.
Datos en España: prevalencia y refuerzo de controles
El seminario analizó la dimensión del problema en España, donde el 16,4% de los conductores fallecidos en siniestros de tráfico presenta presencia de drogas, según el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses. En el caso de los peatones, esta cifra alcanza el 11%, con el cannabis como sustancia más habitual.
Además, la intensificación de los controles refleja una mayor actividad preventiva: en 2024 se realizaron más de 122.000 pruebas de detección de drogas, lo que supone un incremento del 20,6% respecto al año anterior.
Este contexto pone de relieve tanto la normalización social del consumo como la necesidad de reforzar la formación de los agentes y las campañas de sensibilización dirigidas a la ciudadanía.
Experiencias europeas y evolución normativa
El encuentro también permitió analizar la evolución de este fenómeno en otros países europeos como Francia, Finlandia, Italia y Portugal, que han compartido sus modelos de control y prevención.
Mientras algunos países han registrado un aumento en la detección de sustancias, otros han optado por reforzar sus marcos normativos, incrementar los controles en carretera o endurecer las sanciones. En conjunto, estas experiencias evidencian una tendencia común: avanzar hacia sistemas más estrictos y coordinados para reducir la conducción bajo los efectos de drogas.
23 medidas para reducir la siniestralidad asociada a las drogas
La principal conclusión del seminario ha sido la presentación de una hoja de ruta estructurada en tres grandes ejes: refuerzo del control, impulso de la rehabilitación y consolidación de la prevención. Entre las medidas propuestas destacan la implantación de una política de tolerancia cero al consumo de drogas al volante, el refuerzo de los controles aleatorios de saliva en carretera y el uso de inteligencia de riesgo para focalizar la vigilancia en momentos y entornos de mayor exposición, como noches, fines de semana o zonas de ocio.
Asimismo, se plantea la obligatoriedad de programas de rehabilitación y evaluación clínica para conductores reincidentes, la derivación a servicios sanitarios especializados y la incorporación de enfoques como la justicia restaurativa para reducir la reincidencia.
En el ámbito preventivo, la hoja de ruta apuesta por campañas educativas desde edades tempranas, estrategias de concienciación social más segmentadas —incluyendo el uso de microcreadores locales— y una mayor implicación de sectores clave como el ocio o el transporte. Además, se subraya la necesidad de mejorar la coordinación entre administraciones, integrar datos de control en sistemas de vigilancia de adicciones y promover la investigación para optimizar los métodos de detección y reducir la impunidad.
Con este conjunto de medidas, Fundación Mapfre y el ETSC buscan avanzar hacia un modelo de movilidad más seguro, en el que la prevención, el control y el cambio de comportamiento permitan reducir de forma sostenida el número de víctimas en carretera.
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