Guillem Viladomat plantea la longevidad como la próxima gran frontera de la innovación tecnológica

Guillem Viladomat plantea la longevidad como la próxima gran frontera de la innovación tecnológica

Guillem Viladomat, fundador de Durcal Teleasistencia, analiza cómo longevidad y tecnología se combinan en una nueva revolución digital centrada en la autonomía, el bienestar y el envejecimiento activo de la población.


Hace poco hablaba con un amigo que me decía algo bastante simple, pero muy revelador: “Nunca habíamos estado tan conectados y, al mismo tiempo, tan pendientes de si nuestros padres están bien”.

Y creo que resume bastante bien una realidad que cada vez viven más familias.

Personas que intentan llegar a todo. Trabajo, hijos, horarios imposibles, ciudades distintas… mientras conviven con una preocupación constante por padres o familiares mayores que quieren seguir viviendo de forma independiente. Porque, en el fondo, nadie quiere quitarles autonomía. Lo que buscamos es tranquilidad.

Lo interesante es que, por primera vez, la tecnología empieza a responder precisamente a eso.

No desde la espectacularidad. No desde la obsesión por hacer más cosas o ir más rápido. Sino desde algo mucho más cotidiano y humano: ayudar a las personas a vivir mejor durante más tiempo.

Y sinceramente creo que ahí está una de las grandes revoluciones tecnológicas que vienen

Durante muchos años, gran parte de la innovación digital se construyó pensando siempre en el mismo perfil de usuario: personas jóvenes, acostumbradas a aprender nuevas plataformas constantemente y completamente integradas en dinámicas digitales. Pero la realidad demográfica está cambiando muchísimo más rápido que la tecnología.

Cada vez vivimos más años. Y además queremos vivirlos de otra manera.

La generación que hoy entra en la madurez no entiende el envejecimiento igual que hace veinte o treinta años. Quiere seguir activa, conectada, independiente y presente en su entorno. Quiere continuar haciendo vida normal el máximo tiempo posible.

Y eso obliga a replantear muchas cosas.

Porque probablemente la próxima gran ola de innovación no consistirá únicamente en automatizar procesos o aumentar productividad. Tendrá mucho más que ver con la autonomía, el bienestar y la calidad de vida.

  • Con diseñar tecnología que acompañe sin invadir.
  • Con hacer soluciones intuitivas para personas que quizá nunca se habían sentido especialmente tecnológicas.
  • Con conseguir que una familia pueda sentirse tranquila sin convertir el cuidado en vigilancia constante.

Y ahí es donde creo que empieza a emerger una nueva economía alrededor de la longevidad.

La llamada silver economy suele analizarse únicamente desde una perspectiva demográfica o de consumo. Pero creo que va mucho más allá. Estamos hablando de una transformación que redefinirá sectores enteros: salud, vivienda, movilidad, seguros, asistencia, bienestar o tecnología.

Y, al mismo tiempo, también estamos hablando de una oportunidad muy positiva como sociedad.

Porque quizá durante demasiado tiempo hemos asociado el envejecimiento únicamente a dependencia o limitaciones. Y la realidad es que estamos entrando en una etapa completamente distinta: personas que quieren seguir decidiendo cómo viven, dónde viven y de qué manera quieren mantener su independencia.

Eso también obliga a las empresas a innovar de otra forma.

Sinceramente, creo que las compañías que mejor entiendan los próximos años no serán necesariamente las que desarrollen la tecnología más compleja. Serán las que consigan hacerla más humana. Más sencilla. Más integrada en la vida real de las personas.

Porque quizá la próxima gran revolución tecnológica no tenga tanto que ver con acelerar nuestra vida. Quizá tenga mucho más que ver con ayudarnos a disfrutarla durante más tiempo.

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