
La nueva longevidad en España redefine la jubilación. Aumento de la esperanza de vida, ahorro para la jubilación, pensiones y planificación financiera ante una etapa vital cada vez más extensa.
En el siglo XX, la jubilación era entendida como una etapa corta en la vida. Hoy, España es uno de los países más longevos del mundo, y esto cambia radicalmente su significado.
Para entender esta nueva realidad, David Herrando, director general de Pensumo, Pensión por Consumo, analiza cuatro claves para entender qué implica realmente vivir en la era de la nueva longevidad.
1. Hemos ganado 10 años de vida en 50 años, y seguiremos ganando
En 1975, una persona nacida en España podía esperar vivir 73,4 años de media. En 2024, esa cifra ha alcanzado los 84,01 años según los Indicadores Demográficos Básicos del INE, publicados en noviembre de 2025. En poco más de cinco décadas, hemos ganado más de diez años de vida. Un avance extraordinario que no tiene precedentes en la historia.
Esta tendencia no se va a detener ya que el INE proyecta que en 2071 la esperanza de vida podría alcanzar los 86 años para los hombres y los 90 para las mujeres. El fenómeno de los centenarios lo ilustra con especial claridad: en nuestro país vivían 15.911 personas mayores de 100 años en 2024, un máximo histórico que ha crecido de forma ininterrumpida desde 2001. Las proyecciones apuntan a que en 2070 podría haber más de 226.000.
Hemos ganado más de diez años de vida en medio siglo, pero los hábitos de ahorro no han evolucionado al mismo ritmo. El gasto medio mensual de los hogares encabezados por personas de entre 65 y 74 años ronda los 1.900 euros, y mantener ese nivel de vida durante una jubilación de 25 años requiere, según estimaciones de la OCDE, un complemento privado de entre 300 y 600 euros mensuales.
2. Vivir más no es lo mismo que vivir bien más tiempo
Hay una distinción que rara vez aparece en el debate público sobre longevidad y que, sin embargo, cambia mucho la perspectiva: la diferencia entre esperanza de vida y esperanza de vida en buena salud.
El CSIC señala que a los 65 años la esperanza de vida en buena salud se mantiene en torno a 9,7 años. Eso significa que, de los aproximadamente 22 años que vivirá de media un español tras jubilarse, algo más de 12 podrían transcurrir con algún grado de limitación física o dependencia.
La jubilación no es una etapa lineal
Las necesidades van cambiando según nos hacemos más mayores: una primera en la que la mayoría de las personas mantienen autonomía, actividad y un nivel de gasto relativamente estable. Y una segunda, más avanzada, en la que aparecen gastos vinculados a la salud, la movilidad y los cuidados que, quizás, no estaban en el cálculo inicial. En esta segunda fase es donde más notaremos el haber hecho un trabajo para acumular un ahorro complementario. No en términos abstractos de planificación financiera, sino en decisiones muy cotidianas como dónde vivir, a qué tipo de ayuda podemos acceder o hasta qué punto se depende del entorno familiar.
3. Los hábitos de ahorro no han evolucionado al mismo ritmo que la longevidad
España es uno de los países con mayor esperanza de vida del mundo, pero no es uno de los que más ahorra para la jubilación. Esa brecha entre cuánto vivimos y cómo nos preparamos para ello es uno de los rasgos más llamativos de nuestra realidad financiera.
IV Encuesta Paneuropea de Pensiones de Insurance Europe
Un 49% de los españoles reconoce que no está ahorrando para la jubilación. Apenas un 15% cuenta con un plan de pensiones individual. Los datos de Inverco confirman esa tendencia. El patrimonio total de los fondos de pensiones en España cerró 2025 en 137.988 millones de euros, pero ese año las prestaciones superaron a las aportaciones en los planes individuales, con un saldo negativo de 711 millones. Sale más dinero del que entra.
La preocupación por la pensión futura es real
Pero solo uno de cada cuatro actúa en consecuencia. En la mayoría de los casos no es un problema de voluntad o recursos. Suele ser un problema de percepción, porque seguimos pensando en la jubilación como algo lejano y abstracto, calibrado mentalmente para una vida más corta, cuando en realidad es una etapa cada vez más larga para la que se necesita estar preparado financieramente.
4. Las matemáticas del dinero cambian cuando el tiempo se alarga
Cuando la jubilación duraba 10 o 12 años, las necesidades económicas eran relativamente acotadas y predecibles. Cuando dura 25 o 30, la situación cambia, pero no solo por el paso del tiempo, sino también por el tipo de gastos adicionales que empiezan a aparecer llegados a esas edades.
Algunos de esos gastos son previsibles
Un cuidador a domicilio cuesta entre 12 y 18 euros la hora según los datos del sector para 2025, lo que en jornadas de apoyo parcial puede suponer entre 800 y 1.500 euros al mes. En paralelo, una plaza en residencia privada tiene un coste medio de 2.118 euros mensuales, según el informe anual de Inforesidencias 2025. Unos costes muy altos si tenemos en cuenta que la pensión pública media de jubilación es de 1.507 euros al mes. La diferencia hay que complementarla de algún modo.
A eso se suman gastos menores pero constantes:
- Adaptaciones de movilidad en el hogar.
- Transporte.
- Medicación no cubierta.
- Coste de mantener una vida activa durante un gran número de años.
Ahorro adicional, aunque sea de forma gradual
Pequeñas cantidades aportadas de forma constante a lo largo del tiempo tienen un impacto mucho mayor del que parece. Por eso existen hoy herramientas cada vez más accesibles pensadas precisamente para eso, como el ahorro vinculado al consumo diario que permite ir acumulando un complemento para la jubilación sin cambiar hábitos ni hacer grandes esfuerzos puntuales.