
Los incendios forestales derivados de la actividad profesional plantean graves consecuencias económicas y reclamaciones por daños a infraestructuras y cultivos. Expertos del sector asegurador analizan la necesidad de revisar los límites de las pólizas de responsabilidad civil.
España cerró 2025 con cerca de 355.000 hectáreas forestales afectadas por el fuego, la mayor superficie registrada en la última década. El dato resulta especialmente significativo, ya que el número total de siniestros fue un 10,6 % inferior a la media de los diez años anteriores; sin embargo, la superficie afectada lo superó en un 235,9 %.
En 2026 ya ha afectado a más de 50.000 hectáreas forestales, según los últimos datos provisionales disponibles del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
Más allá del impacto ambiental, los incendios forestales pueden generar importantes consecuencias económicas para las empresas cuando se originan durante el desarrollo de su actividad profesional. Un descuido o una incidencia durante determinados trabajos puede dar lugar a reclamaciones por daños causados a cultivos, explotaciones ganaderas, masas forestales, viviendas o infraestructuras, comprometiendo seriamente la estabilidad financiera de la compañía.
Umberto Callieri, director de Servicios Técnicos y Prestaciones de Jhasa
En plena temporada de mayor riesgo de incendios, Jhasa recomienda a las compañías que desarrollan trabajos en entornos rurales, forestales, agrícolas o al aire libre revisar no solo sus seguros de daños, sino también el alcance real de sus coberturas de responsabilidad civil, RC de explotación y RC medioambiental.
“En un gran incendio, el principal riesgo para una empresa no siempre está en los daños sufridos por sus propias instalaciones. Puede encontrarse en las responsabilidades derivadas de los daños ocasionados a terceros, que pueden alcanzar cuantías muy elevadas”.
Trabajos en caliente: una exposición que debe revisarse expresamente
Entre las actividades de mayor exposición figuran los trabajos en caliente, es decir, aquellos que generan llamas, calor o chispas, como determinados trabajos de soldadura, corte, mantenimiento industrial, tareas eléctricas o el uso de maquinaria en zonas con vegetación seca.
Aunque estas actividades suelen estar incluidas en las pólizas de responsabilidad civil, habitualmente están sujetas a condiciones específicas, medidas preventivas y restricciones fijadas por las distintas comunidades autónomas.
«Contar con un seguro de responsabilidad civil no significa que cualquier incendio derivado de la actividad esté cubierto. Es imprescindible comprobar si existen sublímites, exclusiones o requisitos específicos para los trabajos en caliente», señala Callieri.
Una cobertura insuficiente puede dejar a la empresa expuesta a reclamaciones por daños materiales, personales, medioambientales o económicos de gran impacto.
Por ello, Jhasa recomienda revisar especialmente:
- Los sublímites aplicables a trabajos en caliente.
- La distribución de responsabilidades entre contratistas y subcontratistas.
- Las obligaciones de prevención y vigilancia exigidas por la póliza.
- El ámbito territorial de la cobertura.
- Los daños a cultivos, montes e infraestructuras.
- Los gastos de defensa jurídica y constitución de fianzas.
- Las exclusiones para actividades desarrolladas en el extranjero.
«En este tipo de siniestros es fundamental actuar desde el primer momento. La coordinación entre peritos, abogados, aseguradora y bróker permite construir una estrategia técnica y jurídica coherente y proteger mejor los intereses de la empresa», añade Callieri.
Un mismo incendio puede activar diferentes seguros
Un incendio de gran magnitud puede activar simultáneamente distintas coberturas: responsabilidad civil por daños a terceros, seguros de accidentes o vida en caso de lesiones, seguros agrarios para cultivos y ganado, así como pólizas de daños y pérdida de beneficios para instalaciones y actividad empresarial.
Desde Jhasa recuerdan además que, con carácter general, los daños derivados de un incendio forestal no son asumidos automáticamente por el Consorcio de Compensación de Seguros, sino por las pólizas privadas correspondientes y, cuando exista responsabilidad, por el seguro del causante.
Daños propios y paralización de la actividad
Además de la responsabilidad frente a terceros, un incendio puede paralizar la actividad por humo, evacuaciones, cortes de suministro o imposibilidad de acceder a las instalaciones, incluso aunque las llamas no alcancen directamente a la empresa.
Por ello, Jhasa recomienda revisar la adecuación de los capitales asegurados, la cobertura de pérdida de beneficios, el periodo de indemnización y las garantías relacionadas con la interrupción de suministros, el impedimento de acceso o la dependencia de proveedores estratégicos.
«Una empresa puede no verse alcanzada directamente por las llamas y, sin embargo, permanecer varios días o semanas sin actividad. La protección aseguradora debe contemplar tanto el daño físico como el tiempo necesario para recuperar la operativa», concluye Callieri.