Scalian alerta del coste empresarial del ‘dato oscuro’

Scalian alerta del coste empresarial del 'dato oscuro'

Fernando de Águeda (Scalian Spain) aborda los costes del ‘dato oscuro’ y los errores habituales en su gobernanza. Almacenar información sin utilizarla genera costes y limita la capacidad de convertir los datos en decisiones de negocio.


“Una empresa rica en datos tiene un almacén lleno. Una empresa inteligente tiene un negocio que decide mejor. No es lo mismo, y confundirlo cuesta mucho dinero”. Así de rotundo se expresa Fernando de Águeda, CEO de Scalian Spain, en relación al aprovechamiento del dato por parte de los distintos sectores productivos españoles.

Se refiere el directivo de esta compañía tecnológica al denominado “dato oscuro”

Es la información que se acumula y se almacena, con el consiguiente gasto, pero que no se utiliza. Acumular es fácil, concluye, “y da sensación de progreso. Usar es difícil y da resultados. La empresa inteligente no es la que más guarda, es la que más rápido convierte un dato en una acción y una acción en un resultado”.

¿Cómo se transforma el dato en una decisión inteligente? Mediante una buena gobernanza: analizándolo, actualizándolo y empleándolo para lograr resultados. Esto supone incorporarlo a las operaciones diarias en aras de un mayor aprovechamiento.

La gestión eficaz del dato en tres velocidades empresariales

Surge aquí una nueva pregunta: ¿Qué sectores lideran esta productividad basada en la gestión eficaz de la información? Desde Scalian identifican tres velocidades:

En la inicial están situados los sectores que ya tienen institucionalizada una gestión madura de la información que almacenan. En la banca, por ejemplo, el dato funciona como “sistema nervioso” del negocio. Todo pasa por él: riesgo, fraude, segmentación, cumplimiento; cada decisión que se toma se basa en la evidencia.

Telecomunicaciones y energía funcionan con similar disciplina y madurez

También por ser los primeros en adoptar estos procesos. En los casos mencionados, una gobernanza eficaz del dato está relacionada tanto con la eficiencia económica como con el éxito y continuidad de operaciones críticas. Tal como puntualiza Fernando de Águeda, el liderazgo de estas empresas en esta área responde no sólo a la adopción de tendencias o modas, sino a una necesidad real de hacer frente a riesgos y costes demasiado elevados.

Para el director de Scalian Spain, es importante aquí diferenciar entre aprovechamiento y madurez, lo que nos conduce al segundo estadio, en el que destacan retail y logística. El retail, explica, ha conseguido algo difícil, y lo ha hecho con un perfil más bajo: acercar el dato —surtido, precio, promoción, stock— al día a día y traducirlo en decisiones comerciales inmediatas. En cuanto a la logística, “demuestra una cosa que a veces se olvida: que el dato genera valor, aunque no toque nunca al cliente final. Una ruta optimizada, un activo que no se para, una incidencia que anticipas… eso es margen puro”.

Sanidad e industria manufacturera aceleran su inversión en data

El tercer nivel lo integran aquellos que están acelerando la inversión en el área de datos, con enormes posibilidades de desarrollo, pero lejos aún de convertirlas en un activo de negocio. El sector sanitario sería el mejor ejemplo, con un potencial dormido que le impide, por el momento, servirse de una materia prima valiosa. El problema podría estar, para de Águeda, en la fragmentación de los datos y la regulación y la interoperabilidad.

Junto a la sanidad, la industria manufacturera persigue hoy una buena sinergia entre la información procedente de planta, la producción propiamente dicha, el mantenimiento y la cadena de suministro. El salto consiste en transformar la monitorización de procesos en elevar la productividad, reduciendo parones y optimizando los recursos.

Más allá de la clasificación, estos sectores comparten una misma lección: el valor del dato no depende del volumen de información disponible, sino de su integración en la toma de decisiones. La diferencia no está en cuántos datos se generan, sino en la capacidad de convertirlos en decisiones de negocio.

Errores en la gestión del dato que persisten en el tiempo: ¿quién es el dueño de la información?

Uno de los errores históricos en la adopción de nueva tecnología para la empresa ha consistido en confundir datos con inteligencia artificial. No son lo mismo, uno se sirve del otro. Una buena inteligencia artificial no es posible sin los datos correctos. Si están sucios, sesgados o mal gobernados, la IA resulta ineficaz. Lo que hace es traducirlos en información de escaso valor, poco fiable o, sencillamente, incorrecta. Los cimientos de una buena herramienta empresarial son aquí los datos.

A este error, se suman otros, que destacan desde Scalian:

El primero, adoptar una tecnología antes de afinar las decisiones mediante las que se quiere actualizar o mejorar el negocio. Es decir, en muchas ocasiones se adquiere una plataforma de datos, se estructura y después se concretan los objetivos empresariales. El orden correcto es justo el inverso.

El segundo, confundir gobernanza con burocracia. “Gobernar el dato no es montar un comité que diga que no a todo; es conseguir que la gente de negocio confíe en el dato que usa. “Cuando la gobernanza se vive como un freno, es que está mal hecha”, advierte Fernando de Águeda.

El tercero, tratar la calidad del dato como un proyecto con fecha de inicio y fin. Para que ese trabajo resulte valioso, necesita un mantenimiento y actualizaciones periódicas.

El cuarto, y no por evidente poco común, es que la gestión del dato quede relegada al departamento técnico, dejando al margen al de negocio. El dueño del dato debe ser quién lo emplee para tomar las decisiones.

En definitiva, finaliza el directivo, el futuro será de aquellas compañías que dejen de contar los terabytes que almacenan y sean capaces de convertirlos, mediante la construcción de una cultura, en procesos y acciones con los que responder ante entornos cada vez más competitivos.

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