
El 80,71% de los conductores españoles utiliza poco o nada los sistemas de asistencia a la conducción, según un estudio de Asitur y Fundación CEA que analiza cómo la antigüedad del vehículo condiciona el equipamiento de seguridad y las consecuencias de los accidentes.
El envejecimiento del parque automovilístico español no solo condiciona la renovación de los vehículos, sino también el acceso a las tecnologías de seguridad más avanzadas. Así lo refleja el estudio ‘La antigüedad del vehículo como factor de riesgo en la seguridad vial’, elaborado conjuntamente por Asitur y Fundación CEA a partir de una encuesta realizada a 1.046 conductores residentes en España.
El informe analiza la relación entre la edad de los vehículos, su mantenimiento y el equipamiento de seguridad disponible, así como su posible influencia en la accidentalidad y en las consecuencias de los siniestros.
En 2025, la antigüedad media de los vehículos alcanzó los 14,6 años, mientras que cerca del 78% de los más de 37 millones de vehículos censados tenía más de nueve años.
La antigüedad influye más en la gravedad del accidente
Una de las principales conclusiones del estudio es que la edad del vehículo parece tener mayor incidencia en la gravedad de los accidentes que en las causas que los originan.
La menor disponibilidad de sistemas avanzados de seguridad en los vehículos más antiguos puede limitar la capacidad de prevenir determinadas situaciones de riesgo o de reducir sus consecuencias cuando se produce un accidente.
El estudio pone así el foco en la necesidad de avanzar en la renovación del parque móvil español y facilitar la incorporación progresiva de tecnologías de seguridad activa y pasiva.
El 80,71% utiliza poco o nada los sistemas ADAS
La investigación también pone de manifiesto un bajo nivel de utilización de las ADAS (Advanced Driver Assistance Systems) entre los conductores españoles.
En concreto, el 80,71% reconoce utilizar poco o nada los sistemas de asistencia a la conducción. Para Asitur y Fundación CEA, este dato evidencia que la renovación tecnológica debe ir acompañada de información y formación para que los conductores conozcan el funcionamiento de estas herramientas y puedan utilizarlas de forma eficaz.
La disponibilidad de tecnología, por tanto, no garantiza por sí sola su aprovechamiento como elemento de seguridad vial.
Frenado automático y detector de ángulo muerto, todavía minoritarios
El estudio también refleja diferencias importantes en la implantación de los distintos sistemas de seguridad.
Mientras tecnologías como el ABS cuentan con una presencia ampliamente extendida, solo el 14,66% de los vehículos dispone de frenado automático de emergencia y apenas el 11,44% incorpora detector de ángulo muerto.
El envejecimiento del parque limita la incorporación de estos sistemas, que están presentes principalmente en los modelos de nueva generación.
El precio pesa más que la seguridad al comprar un coche
El coste continúa siendo uno de los principales obstáculos para la renovación del parque automovilístico.
Según la encuesta, el 52,37% de los conductores considera el precio el factor más determinante a la hora de adquirir un vehículo, mientras que solo el 12,72% sitúa la seguridad como criterio prioritario.
Los resultados apuntan así a una brecha entre la importancia de disponer de vehículos con tecnologías de seguridad avanzadas y los factores que realmente condicionan las decisiones de compra.
Renovar el parque y mejorar la formación
Durante la presentación del estudio, representantes de Asitur y Fundación CEA destacaron la importancia de impulsar la renovación del parque automovilístico y favorecer la incorporación de tecnologías de seguridad activa y pasiva.
El objetivo es contribuir a reducir la gravedad de los accidentes y mejorar la protección de los usuarios de la vía. Para ello, el estudio sitúa sobre la mesa dos vías de actuación complementarias: facilitar el acceso a vehículos con tecnologías de seguridad más avanzadas y mejorar la información y formación de los conductores sobre su utilización.