El retraso en los cobros y el alza de costes estructurales amenazan la estabilidad de las pymes

El retraso en los cobros y el alza de costes estructurales amenazan la estabilidad de las pymes

El incremento del periodo medio de cobro y la subida de costes operativos tensionan la tesorería de las pymes españolas. La planificación del cash flow emerge como herramienta clave ante el aumento de la morosidad y la incertidumbre económica. 


España es un país de pymes. Representan el 99,8% del tejido empresarial y generan más del 60% del empleo. Aun así, en contextos de incertidumbre política, el mayor riesgo no viene de una ley futura, sino de una realidad presente: cobros cada vez más lentos y costes estructurales al alza.

“El empresario no puede decidir quién gobierna, pero sí puede prever si tiene caja suficiente para pagar nóminas dentro de 60 o 90 días, el problema es que en periodos de ruido político se habla de reformas futuras y se ignora que los costes operativos han subido más de un 25% en los últimos años y que el dinero tarda más que nunca en entrar”, explica John Belalcázar, CEO de Impulsa CFO.

La caja como escudo en tiempos de incertidumbre

La planificación del cash flow no es un ejercicio contable, sino una herramienta de supervivencia empresarial. Según datos sectoriales, el periodo medio de cobro en España ya supera los 80 días, lo que obliga a miles de pymes a financiar de forma involuntaria a sus propios clientes. En este contexto, muchas empresas quiebran no por falta de ventas, sino por falta de liquidez. Son negocios rentables sobre el papel, pero frágiles en caja.

Ante este escenario de «morosidad tolerada», Impulsa CFO propone tres ejes de acción inmediata para CEOs y fundadores:

  1. Planificar para el peor escenario: Planificar la tesorería periódicamente, al menos dos veces al mes, asumiendo que el entorno no va a mejorar. Si mejora el negocio, será un bono; si no, el negocio seguirá en pie de forma autónoma.
  2. Control del margen real: Con la inflación y los costes laborales al alza, facturar más ya no garantiza ganar dinero. Es vital que el empresario identifique su punto de equilibrio, es decir, la cifra de ventas mínima que tiene que generar para no perder dinero y cubrir toda su estructura operativa (alquileres, nóminas, etc).
  3. Anticipación sobre reacción Los préstamos o líneas de crédito se negocian cuando la empresa tiene salud, no cuando ya falta caja. Negociar con tiempo permite gestionar con más facilidad los tiempos difíciles, evitando recurrir a soluciones de urgencia.

 

Digitalización: oportunidad financiera, no burocracia

Este contexto coincide con la implantación obligatoria de la factura electrónica. Lejos de ser solo un trámite, puede convertirse en una ventaja competitiva si se usa con criterio financiero. “Digitalizar sin leer los datos es como cambiar de coche sin mirar si tiene combustible; la factura electrónica permite saber, en tiempo real, quién paga, cuándo y qué impacto tiene en la caja”, apunta Belalcazar.

Los datos apuntan a una conclusión clara: en contextos de cambios normativos y presión económica, las pymes no fracasan por las leyes que están por venir, sino por la falta de visibilidad sobre su liquidez real.

La ausencia de previsión de caja, el retraso en los cobros y la dependencia de financiación a corto plazo siguen siendo los principales factores de tensión en empresas que, en muchos casos, son operativamente rentables.

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