
Fundación Mapfre presenta en Barcelona las exposiciones “Walker Evans. Now and Then” y “Pérez Siquier”, referentes de la fotografía moderna en EE. UU. y España. La exposición dedicada a Carlos Pérez Siquier retoma la retrospectiva interrumpida por la pandemia, subrayando su relevancia en la historia de la fotografía española. “American Photographs” y la serie del metro de Nueva York destacan en la muestra sobre Walker Evans.
Fundación Mapfre ha presentado hoy, 24 de febrero, las exposiciones Walker Evans. Now and Then y Pérez Siquier. Colecciones Fundación Mapfre, dos fotógrafos considerados grandes figuras de la historia de la fotografía moderna en EE. UU. y España, respectivamente.
La muestra dedicada a Walker Evans (1903-1975) reúne fotografías y proyectos clave que recorren toda su trayectoria —desde los autorretratos de los años veinte hasta sus experimentos con Polaroid en los setenta— junto con libros y publicaciones que reflejan su inagotable capacidad de observación. Por su parte, la exposición de Carlos Pérez Siquier (1930-2021) retoma la gran retrospectiva que se clausuró prematuramente a causa de la pandemia.
Podrán visitarse desde el 26 de febrero hasta el 24 de mayo, en el centro de fotografía KBr, situado en Avenida Litoral, 30, en Barcelona.
Walker Evans, fotografía sin artificios
En el año 2009, Fundación Mapfre inició su programación de fotografía con una retrospectiva dedicada a Walker Evans en Madrid. Diecisiete años después, Now and Then propone una mirada renovada a su trayectoria, con imágenes realizadas a lo largo de más de cincuenta años.
Evans es una figura esencial de la fotografía moderna y uno de los grandes cronistas visuales de los Estados Unidos del siglo xx. Sus imágenes, de apariencia sencilla, pero de profunda complejidad, retratan con lucidez la vida cotidiana, los paisajes urbanos y los rostros anónimos de un país en transformación. Inscrito dentro del estilo documental, Evans combinó una mirada directa y austera con una curiosidad inagotable por los signos de la cultura popular, que le llevó a definir una época al mismo tiempo que la cuestionó.
Walker Evans se inició en la fotografía en la década de 1920, tras una estancia en París
Abordó numerosas temáticas, desde instantáneas callejeras tomadas de manera furtiva hasta estudios meticulosos y exactos de arquitectura. Durante los años 1935 y 1936 realizó un fructífero viaje por el sur de Estados Unidos financiado por la FSA (Farm Security Administration), del que provienen varias de sus célebres fotografías, entre ellas, las dedicadas al proyecto sobre los arrendatarios agrícolas del sur de Estados Unidos, junto a James Agee.
En 1938, el Museum of Modern Art de Nueva York le dedicó una exposición individual
La primera que se dedica a un fotógrafo en el museo, y publicó American Photographs, considerado un hito en la definición del lenguaje fotográfico moderno y en la legitimación de la fotografía como forma artística autónoma. En American Photographs, Evans usó muchas de las imágenes que había captado para la FSA, disponiéndolas de una manera novedosa en su propósito de retratar a la sociedad mediante una reflexión sobre la cultura material, el territorio y las clases sociales de Estados Unidos. La trascendencia de este trabajo está no tanto en los temas concretos como en su intención de compartir la experiencia de un tiempo, una sociedad y una cultura determinados. Ese mismo año inició su célebre serie de retratos de pasajeros del metro de Nueva York, realizada de manera discreta y no posada, que influyó de forma decisiva en la fotografía urbana posterior.
Desde los años cuarenta hasta comienzos de los setenta, Evans mantuvo una producción constante como fotógrafo, editor y escritor, explorando también el color y, en sus últimos años, las posibilidades expresivas de la cámara Polaroid, que revelan un giro más íntimo sin perder la claridad de su mirada.
En 1965 inició su labor docente en la Universidad de Yale, donde formuló su concepto de «documental lírico», influyendo en generaciones de artistas y fotógrafos.
El recorrido de la exposición
Conformado por 217 fotografías, se articula en torno a doce secciones que abarcan desde su interés por los signos de la ciudad (rótulos, escaparates, vallas publicitarias, etc.), en los que Evans descubría un sugestivo reflejo de la identidad colectiva de su tiempo; las personas anónimas (peatones, viajeros del metro, trabajadores), a las que retrata con una espontaneidad que combina precisión formal y un profundo respeto por los sujetos fotografiados, o su fascinación por los entornos modestos y las pequeñas localidades, en las que encontraba una autenticidad que las grandes ciudades tendían a diluir.
En el Espacio 2 se puede visitar Pérez Siquier. Colecciones Fundación Mapfre
Una muestra con la que la fundación continúa su línea habitual de programación que muestra al público sus fondos fotográficos.
A lo largo de más de seis décadas, Carlos Pérez Siquier (1930-2021) construyó una obra singular e innovadora para su tiempo
Desde Almería, lejos de los grandes centros artísticos, desarrolló una mirada intuitiva y novedosa que rompió con los modelos dominantes del momento. En un país marcado por el aislamiento cultural de la posguerra y la dictadura, impulsó junto a José María Artero la Asociación Fotográfica Almeriense (AFAL), un colectivo que se convirtió en referencia de modernidad y que estableció un diálogo decisivo entre fotógrafos españoles y corrientes internacionales. Su primera gran serie, La Chanca, iniciada en 1956 e influida por el neorrealismo cinematográfico, documenta la vida cotidiana de un barrio marginal con una dignidad y cercanía sorprendentes. Estas imágenes no aspiraban a denunciar, sino a mostrar la potencia humana de un lugar en apariencia detenido en el tiempo.
En los años sesenta, Pérez Siquier emprendió una ruptura decisiva al trabajar de forma pionera en color
Una apuesta que en aquel periodo fue recibida con incomprensión. En Informalismos exploró texturas y abstracciones pictóricas, mientras que en las series La playa y Trampas para incautos observó con ironía, precisión y un sutil sentido del humor cómo los nuevos hábitos de ocio transformaban las costas españolas. Sus proyectos finales, Encuentros y La Briseña, más introspectivos, condensan una mirada atenta a los ritmos íntimos de lo cotidiano. Reunidas en una única exposición, estas etapas trazan un recorrido completo por un autor que supo encontrar lo extraordinario en lo sencillo.