
Ambas nuestras coinciden en celebrar a dos de los artistas más relevantes en su medio. Anders Zorn, el más internacional de los pintores suecos del siglo XIX. Y Helen Lewitt, una de las fotógrafas más célebres de la primera mitad del siglo XX.
Anders Zorn. Recorrer el mundo, recordar la tierra
Presenta una interesante y completa panorámica del conjunto de la obra de Zorn, desde sus primeras acuarelas y viajes de formación hasta su retorno a Suecia en 1896. La muestra incluye también su producción española, con obras de Sevilla, Cádiz y Granada, así como otras piezas que testimonian su amistad con Joaquín Sorolla o Ramón Casas.
Los inicios de Zorn están ligados a un dominio virtuoso de la acuarela, técnica que perfeccionó a través de sus distintos viajes de juventud, entre los que destacan los realizados a España. Visitó nuestro país en nueve ocasiones, entre 1881 y 1914, lo que demuestra el profundo interés que le despertaba y en el que también estableció importantes relaciones personales. Si bien su primera visita estuvo motivada por la fascinación que ejercía la imagen romántica de España, en viajes posteriores acudió para llevar a cabo encargos de retratos en Madrid, conocer mejor la cultura y las tradiciones y visitar amigos.
Comisariada por Casilda Ybarra Satrústegui con el asesoramiento científico de Johan Cederlund y Carl-Johan Olsson
La exposición propone un recorrido cronológico y temático por la obra del artista a través de siete ámbitos y más de ciento treinta obras entre acuarelas, pinturas, grabados y esculturas.
Helen Lewitt. La calle como escenario
La exposición de Helen Levitt es la primera que se realiza a partir de la totalidad de su obra y de sus archivos, accesibles para su consulta solo recientemente.
Levitt (1913–2009) comenzó a fotografiar las calles de Nueva York, su ciudad natal, a finales de la década de 1930, interesándose principalmente por los barrios pobres, como el Harlem hispano o Lower East Side, donde la calle cobra un claro protagonismo como escenario del día a día. Documentó escenas íntimas y fugaces de conexión humana, convirtiéndose en una figura esencial de la fotografía del siglo XX.
Su formación comenzó como aprendiz en un estudio del Bronx, y en 1934 adquirió su primera cámara. Poco después se unió a la New York Film and Photo League, donde conoció a Henri Cartier-Bresson.
El cine y la fotografía en color
También exploró el cine y la fotografía en color, siendo pionera en ambos campos. Codirigió el documental In the Street y recibió una beca Guggenheim en 1959 para investigar nuevas técnicas cromáticas. Aunque un robo en 1970 le hizo perder gran parte de su obra en color, retomó su actividad y el MoMA proyectó sus diapositivas en 1974.
Durante las décadas siguientes, continuó fotografiando de forma intermitente, regresando al blanco y negro y explorando nuevos escenarios como el metro de Nueva York. Su obra, marcada por la ambigüedad y la emoción contenida, ha sido reconocida por su capacidad para capturar momentos fugaces de conexión humana en entornos urbanos complejos.
La muestra, comisariada Joshua Chuang, realiza un amplio recorrido por la trayectoria de Levitt a través de nueve secciones y alrededor de 200 fotografías.