
Un estudio de Cigna Healthcare revela que el 24% de los trabajadores en España considera la carga laboral una fuente principal de estrés y la cultura “always on” dificulta la desconexión. El absentismo laboral en España alcanzó un impacto de 25.425 millones de euros hasta julio de 2025. Los datos reflejan la pérdida de 242 millones de jornadas debido a picos víricos y estrés.
Según datos del Cigna Healthcare International Health Study, el 24% de los trabajadores en España señala la carga de trabajo como una de sus principales fuentes de estrés. Mientras que un 12 % apunta a una cultura de “always on” que dificulta la desconexión y la recuperación física y mental.
Percepción insuficiente del apoyo organizativo
Sólo el 30% de los empleados considera que su empresa le ofrece oportunidades adecuadas para cuidar su salud personal y apenas el 29% percibe un enfoque claro en salud y bienestar en sus acciones y comunicaciones.
Cuando ambos factores coinciden, las consecuencias se amplifican, y los periodos de mayor circulación de virus tienden a traducirse en un aumento del absentismo y de la incapacidad temporal, con un impacto directo en la productividad, la planificación del trabajo y la actividad económica. Así lo reflejan los datos del Ministerio de Inclusión y del Instituto Nacional de Estadística, que señalan que entre enero y julio de 2025 se perdieron en España más de 242 millones de jornadas laborales, con un impacto económico estimado de 25.425 millones de euros.
Amira Bueno, directora de Recursos Humanos de Cigna Healthcare España
“Los picos de virus no solo ponen a prueba la salud de las personas, sino también la solidez de las organizaciones. En estos momentos, se hace evidente si las empresas cuentan con una cultura que permite la flexibilidad, parar, recuperarse y apoyarse mutuamente, o si la presión diaria acaba amplificando el desgaste. Más allá de gestionar ausencias, es fundamental crear entornos en los que reconocer límites y pedir ayuda forma parte de lo normal, porque eso es lo que sostiene la motivación, la cohesión y el rendimiento de los equipos en temporadas especialmente exigentes”.
Estrategias para proteger el bienestar de los profesionales y minimizar el impacto en la actividad:
Formar a los líderes para cuidar del equipo
En periodos de alta incidencia de gripe y otros virus, los responsables de equipo son la primera línea de detección y apoyo. Dotarles de herramientas sencillas para identificar señales tempranas de fatiga, sobrecarga o reincorporaciones frágiles permite actuar antes de que el problema escale. Ajustar prioridades, redistribuir tareas de forma temporal y mantener conversaciones breves de seguimiento con las personas que regresan tras una baja ayuda a sostener la cohesión del equipo y a evitar impactos mayores en la actividad.
Implantar sistemas de escucha activa
En estos momentos el estrés y la incertidumbre pueden intensificar tensiones y afectar a la motivación. Por ello, contar con mecanismos de escucha estructurados, como reuniones periódicas o canales de feedback seguros, permite a las empresas conocer de primera mano las preocupaciones de los empleados y detectar situaciones de sobrecarga antes de que se traduzcan en conflictos, desmotivación o un aumento del absentismo.
Integrar el bienestar en la planificación diaria del trabajo
Incorporar la salud y el equilibrio emocional en la planificación diaria refleja una cultura corporativa que pone a las personas en el centro de la organización. Revisar cargas y plazos en función de la disponibilidad real de los equipos, priorizar tareas críticas y fomentar la colaboración entre áreas para cubrir ausencias puntuales permite mantener la continuidad del negocio sin generar una presión adicional que termine afectando al rendimiento y al clima laboral.
Promover campañas internas de autocuidado y prevención
Reforzar la información clara y rigurosa sobre medidas de prevención contribuye a reducir contagios y a fomentar conductas responsables dentro y fuera del entorno laboral. Difundir recomendaciones prácticas sobre higiene, ventilación, descanso, vacunación o detección temprana de síntomas, apoyadas en fuentes médicas fiables, ayuda a combatir la desinformación y a fortalecer la cultura preventiva de la organización. Cuando estas campañas se integran de forma coherente en la comunicación interna, protegen tanto la salud individual como el compromiso colectivo con el cuidado y la continuidad de la actividad.
Reforzar habilidades emocionales en los equipos
Ofrecer formación práctica en competencias como la gestión del estrés, la comunicación empática o la adaptación al cambio ayuda a los profesionales a afrontar mejor los picos de enfermedad. Estas habilidades facilitan la gestión de la incertidumbre derivada de ausencias recurrentes, mejoran la colaboración y contribuyen a mantener la motivación en contextos exigentes, fortaleciendo la resiliencia colectiva de la organización.