
Seguros Atocha comparte una entrevista con Pepe Peidró, psicólogo especialista en duelo y relaciones y colaborador del Club Atocha, sobre el desgaste emocional de acompañar situaciones difíciles de forma continuada.
Cinco preguntas clave: Peidró ofrece una mirada práctica para ayudar a cuidar a quienes cuidan.
En un trabajo tan vocacional, ¿cómo se puede mantener un equilibrio entre ser humanos y empáticos sin llegar a quemarnos emocionalmente?
En profesiones de ayuda, muchas personas hablan de poner una «barrera». Esto es comprensible, pero el cerebro emocional no funciona como un interruptor. Cuando estamos en contacto frecuente con el sufrimiento, algo de esa experiencia inevitablemente nos toca. En psicología a esto lo llamamos trauma vicario.
Una de las claves para mantener el equilibrio es tener muy claro el propósito de nuestro trabajo. Recordar que el dolor forma parte natural de la vida y que cuidarse no es lo contrario de cuidar, sino que es lo que lo hace posible.
Hay una analogía que a mí me gusta mucho que dice que cuando eres una vela que quiere encender a muchas otras, si te consumes demasiado rápido, acabas apagándote y ya no puedes iluminar a nadie más.
¿Cómo se puede aprender a autocuidarse ante estas situaciones? ¿Puedes poner algún ejemplo aplicable justo después de un caso difícil?
El autocuidado en profesiones de ayuda no suele depender de grandes cambios, sino de pequeños hábitos que ayudan al sistema nervioso a cerrar la experiencia.
Muchas personas intentan simplemente “no pensar en ello”, pero el cuerpo no procesa así las experiencias intensas. Por eso, suelo decir que lo que no se procesa emocionalmente, el cuerpo lo sigue recordando.
Algunas prácticas sencillas que suelen funcionar son compartir lo vivido con un compañero, hacer una breve pausa después de un caso difícil o crear un pequeño ritual de transición entre trabajo y vida personal.
En profesiones de asistencia, ¿por qué a veces cuesta tanto reconocer que se necesita ayuda emocional?
Una de las razones tiene que ver con la identidad profesional. Para los seres humanos, la identidad es algo muy importante, necesitamos sentir que sabemos quiénes somos y cuál es nuestro lugar.
En muchas profesiones de ayuda, uno termina identificándose profundamente con el papel de quien sostiene, quien acompaña o quien tiene recursos para los demás. Y reconocer que también necesitamos apoyo puede generar una pregunta incómoda: si no soy el que sostiene, ¿quién soy entonces?
Esto se suma al mito de que, por dedicarte a ayudar, deberías estar “por encima” del sufrimiento. Pero la realidad es que no somos inmunes al dolor. Y, muchas veces, quienes mejor acompañan son quienes han aprendido a reconocer su propia vulnerabilidad.
Un psicólogo también acompaña constantemente el sufrimiento de los demás. ¿Hay algo que te ayude en tu día a día?
Me ayuda mucho recordar que no podemos ni debemos quitar el dolor de las personas, pero sí podemos ayudarles a atravesarlo con más herramientas y acompañarlos de corazón en el proceso.
Cuando trabajas con el duelo y el trauma, entiendes que el sufrimiento forma parte de la vida en diferentes medidas pero en todos los procesos vitales. Lo que realmente cambia la experiencia humana no es eliminar ese dolor, sino cómo nos permitimos atravesarlo y si nos sentimos acompañados en el proceso.
Pensar así me recuerda que mi trabajo no consiste en tener todas las respuestas, sino en estar presente de una manera humana y profesional.
¿Qué puede aportar un psicólogo al cuidador profesional?
Un psicólogo puede ofrecer un espacio donde ser escuchado sin tener que sostener a nadie más, ni preocuparse de cómo afecta lo que contamos a nuestros vínculos personales. A veces hablar con amigos o con uno mismo deja la sensación de que estamos cargando a los demás o de que no es suficiente, y puede desgastarnos sin darnos cuenta.
Tener alguien externo permite desahogarse, explorar lo que sentimos y probar nuevas formas de manejarnos emocionalmente, sin juicios ni consecuencias en la vida diaria. Así, cuidarse se vuelve más real y sostenible, y eso nos ayuda a seguir acompañando a otros con presencia y claridad.