Cómo detectar el Párkinson de manera precoz

Cómo detectar el Párkinson de manera precoz

El párkinson es una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta principalmente al sistema motor. Sus primeras manifestaciones pueden ir más allá del movimiento.

La detección precoz del párkinson permite identificar signos tempranos como alteraciones del sueño, pérdida del olfato y cambios motores, facilitando el seguimiento neurológico.


La detección precoz resulta determinante para

  1. Iniciar un seguimiento clínico adecuado.
  2. Ajustar el tratamiento desde fases iniciales.
  3. Anticiparse a la evolución de la enfermedad.

En muchos casos, los primeros signos pasan desapercibidos o se atribuyen al envejecimiento, lo que retrasa el diagnóstico.

Según la Sociedad Española de Neurología, en España viven ya más de 200.000 personas con esta enfermedad. Cada año se diagnostican alrededor de 10.000 nuevos casos, lo que le sitúa como el noveno país del mundo con mayor número de personas con párkinson por habitante.

Esteban Peña, director de la Unidad de Trastornos del Movimiento del Hospital Universitario La Moraleja.

«El párkinson no comienza necesariamente con el temblor, que es el síntoma más conocido. En fases iniciales suelen aparecer signos menos evidentes, como una pérdida del olfato, alteraciones del sueño o cambios en la expresión facial, que a menudo no se relacionan con un problema neurológico”.

Síntomas

Degeneración de neuronas que producen dopamina, una sustancia esencial en el control del movimiento. A medida que este proceso avanza, comienzan a manifestarse síntomas motores como lentitud en los movimientos, rigidez muscular o dificultades en la coordinación.

Antes de que estos signos sean evidentes, pueden aparecer manifestaciones no motoras que actúan como señales de alerta:

Pérdida progresiva del olfato

Una disminución mantenida en la capacidad para identificar olores cotidianos, como alimentos o perfumes, es posible que aparezca años antes de los síntomas motores.

Alteraciones del sueño

Movimientos bruscos, hablar o gesticular durante el sueño, especialmente en la fase REM, pueden ser una señal temprana relacionada con cambios neurológicos.

Cambios en la escritura

La letra se vuelve más pequeña, apretada o menos legible con el paso del tiempo, lo que refleja una pérdida de precisión en el control motor fino.

Disminución del movimiento al caminar

Es frecuente que uno de los brazos deje de balancearse de forma natural o que la marcha se vuelva más lenta sin causa aparente.

Rigidez o sensación de tensión muscular

Puede aparecer en una extremidad de forma unilateral y persistente, lo que dificulta movimientos cotidianos como levantarse o girarse.

Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores

“La clave está en no normalizar ciertos cambios cuando afectan a la vida diaria o aparecen de forma progresiva”.

Piqueras señala algunas actividades que contribuyen a retrasar la progresión de la enfermedad:

Caminar a paso ligero de forma regular. Salir a caminar entre 30 y 45 minutos al día, manteniendo un ritmo constante, ayuda a preservar la coordinación, así como a mejorar el equilibrio o reducir la rigidez muscular.

Practicar ejercicios de fuerza con supervisión. Trabajar con bandas elásticas o pesas ligeras contribuye a mantener la masa muscular y facilita movimientos cotidianos como levantarse o girarse.

Realizar ejercicios de coordinación y equilibrio. Actividades como el tai chi o rutinas guiadas de equilibrio potencian la estabilidad y disminuyen el riesgo de caídas en fases iniciales.

Estimular la mente con actividades estructuradas. Hacer sudokus, crucigramas, juegos de lógica o aprender un idioma favorece la atención y fortalece tanto la memoria como la agilidad mental.

Piqueras destaca que mantener una rutina de sueño estable es primordial: “Acostarse y levantarse a la misma hora y eludir el uso de pantallas antes de dormir son hábitos que mejoran notablemente el descanso”.

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