
El invierno suele asociarse al aumento de gripes y otras infecciones respiratorias, pero su impacto sobre la salud respiratoria va más allá de la circulación de virus.
Durante los meses de frío, el sistema respiratorio se ve expuesto de forma continuada a factores como el aire frío y seco, el uso de calefacción, la menor ventilación de los espacios interiores, los cambios bruscos de temperatura y la contaminación, que incrementan la carga funcional de los pulmones.
El nivel de bienestar físico con el que se afronta el invierno resulta determinante para la capacidad de respuesta del organismo frente a las agresiones ambientales propias de esta época. Sin embargo, los datos reflejan una realidad preocupante.
Según el Cigna Healthcare International Health Study, solo el 34% de la población en España percibe su bienestar físico como excelente o muy bueno, una cifra seis puntos por debajo de la media global. Esta percepción, si bien es subjetiva, puede interpretarse como una señal de que factores cotidianos propios de esta temporada tales como el frío, la sequedad ambiental y la contaminación, pueden pasar factura y afectar el sistema respiratorio.
Las bajas temperaturas han demostrado afectar el funcionamiento del sistema inmune
La rama del sistema inmune más especializada y la encargada de la producción de anticuerpos. Por este motivo, una exposición constante al frío nos puede hacer más vulnerables a infecciones, especialmente si tenemos déficits nutricionales u otros factores de riesgo de base. Desde una perspectiva de salud pública, la Organización Mundial de la Salud señala el papel determinante de factores como la calidad del aire, la temperatura y la humedad en la salud respiratoria, mientras que, entidades como la Asociación Española de Pacientes con EPOC advierten de que el frío, la contaminación y los ambientes interiores poco ventilados pueden agravar la irritación de las vías respiratorias y favorecer la aparición de síntomas respiratorios durante el invierno, incluso en personas sin patologías previas.
Daniela Silva, especialista en Medicina Internade Cigna Healthcare
“El frío no solo actúa como un factor externo, también modifica la respuesta del propio organismo. Las bajas temperaturas pueden producir una resequedad e irritación de la vía respiratoria favoreciendo la liberación de mediadores proinflamatorios, como la histamina o los leucotrienos, que incrementan la inflamación de las vías respiratorias y debilitan la mucosa que actúa como primera barrera de defensa. Desde un punto de vista clínico, la prevención es clave porque puede ayudar a proteger la función pulmonar y a reducir el riesgo de que una infección respiratoria leve evolucione de forma desfavorable”.
Cigna Healthcare señala la importancia de adoptar medidas preventivas
Cuidar el ambiente interior puede marcar la diferencia para las vías respiratorias
Durante el invierno pasamos más tiempo en espacios cerrados y, en muchos casos, con calefacciones altas y aire seco. Mantener el hogar entre 19 y 22°C y una humedad relativa del 40–50% puede ayudar a preservar la hidratación de las mucosas respiratorias y a reducir la irritación de las vías aéreas. Asimismo, ventilar las estancias al menos 10 minutos al día, incluso cuando hace frío, contribuye a renovar el aire y a mejorar su calidad.
Reforzar la profilaxis cotidiana ayuda a frenar la transmisión de virus
En los meses de frío, pequeños gestos adquieren un papel clave. Lavarse las manos con agua y jabón durante 20–30 segundos, especialmente tras sonarse la nariz, toser o estar en espacios concurridos, puede reducir de forma significativa el riesgo de contagio. En esta época del año, el contacto frecuente con nariz, ojos y boca facilita la entrada de patógenos, por lo que extremar estas medidas resulta especialmente relevante.
Proteger nariz y boca frente al aire frío puede aliviar el esfuerzo respiratorio
Cubrir las vías respiratorias con bufandas o pañuelos al salir a la calle permite que el aire llegue a los pulmones más templado y humidificado. Esta protección cobra mayor importancia cuando la temperatura desciende por debajo de los 5°C, ya que el aire frío y seco tiene una mayor capacidad irritativa y puede desencadenar tos o sensación de falta de aire, incluso en personas sin problemas respiratorios previos.
Evitar el tabaco y otros irritantes sigue siendo una de las decisiones más eficaces
El tabaco y otras sustancias irritantes dañan de forma progresiva las vías respiratorias y reducen su capacidad defensiva. Prescindir de su consumo puede ser una de las medidas más eficaces para preservar la función pulmonar tanto a corto como a largo plazo, especialmente en un contexto de mayor estrés respiratorio como el invierno.
La hidratación, la alimentación y el movimiento también cuentan para los pulmones
Beber entre 1,5 y 2 litros de agua al día ayuda a mantener las mucosas respiratorias hidratadas. Una dieta rica en frutas y verduras antioxidantes, junto con el consumo de pescado azul 2–3 veces por semana o fuentes vegetales de omega-3, puede contribuir a reducir la inflamación de los tejidos pulmonares. Además, realizar al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado ayuda al adecuado funcionamiento del sistema inmune.