
Enero marca un punto crítico para las personas mayores, donde la soledad no deseada y el aislamiento social afectan a la salud mental y emocional. Fijar objetivos semanales sencillos permite conservar la sensación de progreso.
El mes de enero suele marcar un punto de inflexión emocional para las personas mayores. Tras semanas de encuentros familiares, celebraciones y una agenda social más intensa, la vuelta a la rutina puede ir acompañada de una mayor sensación de vacío y aislamiento. Este contraste favorece la aparición o intensificación de la soledad no deseada, un fenómeno que tiene consecuencias relevantes sobre la salud mental y emocional en la población mayor.
Alfonsy Díaz, psicóloga de Sanitas Mayores
“El paso de un entorno socialmente activo a otro más silencioso puede generar tristeza, desánimo y una vivencia de desconexión, especialmente en personas mayores que viven solas o que cuentan con poco acompañamiento diario. Cuando a esta situación se suman circunstancias como la pérdida de seres queridos, la jubilación o una red social más limitada, el impacto emocional tiende a intensificarse”.
Sin embargo, este impacto emocional no suele manifestarse de forma inmediata. A lo largo de las primeras semanas del año, la disminución de planes sociales, el frío y la menor actividad fuera del hogar acentúan el aislamiento. De manera progresiva, la rutina diaria puede poner de manifiesto la falta de estímulos sociales y emocionales, lo que incrementa la sensación de soledad.
“La soledad mantenida en el tiempo se asocia a un mayor riesgo de síntomas ansiosos y depresivos, alteraciones del sueño y un empeoramiento de la percepción de la propia salud. Además, cuando esta situación se prolonga, suele disminuir la iniciativa para relacionarse, lo que refuerza el aislamiento y dificulta recuperar el equilibrio emocional”, añade Alfonsy Díaz.
Sanitas Mayores recomienda reforzar rutinas y apoyos que contribuyan a contrarrestar la soledad no deseada durante los primeros meses del año:
Asignar pequeños objetivos semanales
Tener metas sencillas, como escribir un relato breve, preparar una receta concreta o aprender algo nuevo, sirve para dar estructura a la semana y conservar una sensación de progreso. No obstante, estos objetivos conviene que no sean exigentes, sino realistas, para ajustarlos al nivel de energía de cada día.
Mantener el cuidado personal como prioridad diaria
Vestirse, arreglarse y cuidar la higiene personal, aunque no haya planes sociales, se relaciona con el estado de ánimo. Por ello, conservar estas rutinas puede reforzar la autoestima y limitar la apatía cuando disminuye el contacto social.
Incorporar movimiento físico adaptado
Caminar a diario y realizar estiramientos suaves mejora el bienestar físico y mental. La actividad física regular contribuye a mejorar el estado de ánimo, reduce la sensación de cansancio y facilita afrontar el día con más energía.
Estimular la mente con actividades que exijan atención: realizar pasatiempos como sudokus, juegos de memoria, lectura o aprender nuevas habilidades estimula la mente y permite sostener la atención en tareas concretas, de modo que los pensamientos negativos no ocupen más espacio del deseable.
Cuidar los horarios de sueño y descanso
Dormir y despertarse a horas similares cada día permite regular el ritmo diario y favorecer una mayor estabilidad emocional. Un descanso adecuado también influye en el ánimo y facilita afrontar el día con más energía y claridad mental.
Pedir ayuda profesional si el malestar persiste
En caso de detectar que la persona mayor se muestra desanimada durante semanas, duerme peor, pierde interés por actividades que antes disfrutaba, descuida su aspecto o se aísla cada vez más, conviene consultar con un profesional. La atención especializada, en formato presencial o a través de videoconsulta, permite entender qué está ocurriendo y recibir orientación para recuperar el bienestar emocional.