España desaprovecha hasta ocho años de capacidad laboral de los trabajadores sénior, según el Instituto Santalucía

España desaprovecha hasta ocho años de capacidad laboral de los trabajadores sénior, según el Instituto Santalucía

España cuenta hoy con trabajadores de mayor edad en mejor estado de salud que nunca, pero sigue expulsándolos del mercado laboral de forma temprana. Esta es una de las principales conclusiones del informe “Evolución de la capacidad adicional para trabajar en España”, publicado por el Instituto Santalucía, órgano de reflexión del Grupo Santalucía.

El estudio constata que los trabajadores disponen actualmente de hasta ocho años más de capacidad potencial para trabajar que a finales de la década de 1970, gracias a la mejora sostenida de los indicadores de salud y esperanza de vida. Sin embargo, esta ganancia no se está traduciendo en una mayor permanencia en el empleo.

La esperanza de vida a los 65 años ha pasado de 18,7 años a comienzos de siglo a 21,7 años en la actualidad, situando a España entre los países más longevos del mundo. A pesar de ello, la retirada laboral continúa produciéndose de forma temprana y abrupta.

Mejor salud, misma salida precoz de los trabajadores sénior

El informe, elaborado por investigadores de la UAB, FEDEA, la Universidad Complutense, la UPF y la Universidad de Barcelona, muestra que, a igualdad de estado de salud, los trabajadores abandonan hoy el mercado laboral antes que en décadas anteriores.

En el caso de los hombres, la tasa de empleo a los 64 años se mantiene en torno al 31% desde los años noventa, mientras que la proporción de quienes declaran mala salud a esa edad ha descendido del 46,8% en 1993 al 36,3% en 2023. Es decir, con una salud significativamente mejor, el empleo no ha aumentado.

Entre los hombres de 57 a 69 años se observa un patrón aún más acusado: con una mala salud autopercibida estable en torno al 35%, la tasa de empleo se desploma desde el 76,9% hasta apenas el 4,3%.

Entre las mujeres, pese a su intensa incorporación al mercado laboral en las últimas décadas, se reproduce un fenómeno similar. A partir de los 60 años, y con niveles de salud comparables, la tasa de empleo cae de forma más abrupta que en los años noventa.

El análisis de mortalidad refuerza este diagnóstico. A principios de la democracia, un hombre con una tasa de mortalidad del 2% tenía algo más de 63 años y una tasa de empleo cercana al 60%. Hoy, con esa misma mortalidad, tiene alrededor de 71 años y una tasa de empleo de apenas el 3%.

Un reto económico e institucional

En un contexto de rápido envejecimiento poblacional —la tasa de dependencia podría alcanzar el 53% en 2050—, el Instituto Santalucía advierte de que el debate no debe centrarse únicamente en la sostenibilidad financiera del sistema de pensiones.

“El problema ya no es solo presupuestario, sino también la infrautilización del talento y la experiencia de los trabajadores mayores”, señala José Manuel Jiménez Rodríguez, director del Instituto Santalucía.

El informe subraya que el principal obstáculo no es la falta de capacidad para trabajar, sino las barreras institucionales, especialmente un modelo de jubilación rígido, basado en una transición abrupta desde el empleo a la inactividad.

Apuesta por una jubilación gradual y flexible

Como alternativa, los autores proponen avanzar hacia esquemas de jubilación gradual y flexible, que permitan compatibilizar de forma voluntaria el trabajo con el cobro parcial de la pensión, reduciendo progresivamente la jornada laboral.

Este modelo, apuntan, beneficiaría a los trabajadores —al permitir una salida adaptada a su salud y circunstancias personales—, a las empresas —al facilitar la retención y transmisión del conocimiento— y al conjunto de la economía, al aliviar la presión sobre el sistema de pensiones.

“En una sociedad que vive más y mejor, prolongar de forma flexible y voluntaria la vida laboral puede beneficiar a los trabajadores, a las empresas y al conjunto de la economía”, concluye Jiménez Rodríguez.

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