
Fundación Inade analiza los principales riesgos de incendio asociados a los paneles solares y los sistemas de almacenamiento mediante baterías y reclama incorporar la prevención y la ingeniería de protección contra incendios desde el diseño de las instalaciones.
El crecimiento de las instalaciones fotovoltaicas y de los sistemas de almacenamiento de energía mediante baterías está introduciendo nuevos escenarios de riesgo para las empresas. La prevención de incendios debe, por ello, comenzar desde la fase de diseño y tener en cuenta tanto los propios equipos como el edificio en el que se integran.
Esta fue una de las principales conclusiones de la última sesión de Espacio Inade, organizada por Fundación Inade, que reunió a más de 300 asistentes. La jornada contó con la participación de Andrés Pedreira, director de Pixeling, y Carlo Alberto Berto, consultor organizacional en materia de seguridad, salud, bienestar y empresa saludable.
El 75% de los siniestros procede de la instalación o del producto
Andrés Pedreira abordó los riesgos de incendio asociados a las instalaciones fotovoltaicas a partir de su experiencia en más de 600 auditorías de seguridad. Entre los problemas más frecuentes identificados figuran los fallos de puesta a tierra, módulos dañados, conectores incompatibles, terminaciones deficientes y conexiones incorrectas.
Los datos presentados durante la jornada muestran que el 39% de los siniestros en instalaciones fotovoltaicas tiene su origen en fallos de instalación, mientras que otro 36% se debe a fallos del producto. En conjunto, ambas causas representan el 75% de los incidentes analizados.
Los fallos de planificación suponen otro 18% de los siniestros, mientras que la influencia exterior representa el 9%.
La envolvente del edificio, un elemento clave
Uno de los aspectos destacados por Pedreira fue la importancia de analizar cómo interactúa una instalación fotovoltaica con el propio edificio. Un incendio originado en los paneles o en alguno de sus componentes puede propagarse al resto de la construcción. Por ello, la elección de los materiales y el comportamiento de la envolvente frente al fuego deben contemplarse desde el inicio del proyecto.
El director de Pixeling defendió además la realización de un análisis de ingeniería de protección contra incendios antes de implantar nuevas instalaciones, con el objetivo de identificar los escenarios de propagación y establecer barreras que permitan limitar sus consecuencias.
En este sentido, Pedreira explicó durante la sesión fenómenos como el thermal runaway, el off-gassing y la propagación del incendio en sistemas de almacenamiento mediante baterías.
La magnitud de la pérdida, señaló, no depende únicamente del fallo que desencadena el incendio, sino de la capacidad del incidente para extenderse. Por ello, el diseño debe determinar dónde se puede interrumpir esa cadena de propagación. “El diseño más asegurable es el que demuestra que un fallo local no se generaliza y permite una recuperación controlada”, afirmó Andrés Pedreira, director de Pixeling.
La prevención debe ir más allá del cumplimiento normativo
Por su parte, Carlo Alberto Berto, consultor organizacional en materia de seguridad, salud, bienestar y empresa saludable, centró su intervención en la percepción y gestión del riesgo dentro de las empresas.
A su juicio, conocer las instalaciones, identificar sus puntos débiles y evaluar los sistemas de protección disponibles, su mantenimiento y su efectividad son elementos fundamentales para responder ante un incidente.
Berto también defendió la necesidad de superar el mero cumplimiento de la normativa y recurrir al asesoramiento de profesionales especializados para evaluar los riesgos específicos de cada instalación.
El incendio también amenaza la continuidad del negocio
Las consecuencias de un incendio no se limitan a los daños materiales. Cuando el fuego afecta a instalaciones críticas o a procesos productivos, puede provocar interrupciones de actividad y pérdidas de beneficio.
Por este motivo, Berto planteó la protección y la prevención como una inversión, y no únicamente como un coste asociado al cumplimiento de las obligaciones normativas.
La creciente incorporación de sistemas fotovoltaicos y baterías debe ir acompañada, por tanto, de un análisis específico de cómo estas tecnologías afectan al edificio, sus materiales, sus sistemas de protección contra incendios y la continuidad de la actividad.
Nuevos riesgos que también afectan al seguro
La jornada puso de manifiesto que la transición energética está modificando el mapa de riesgos de las empresas. La incorporación de nuevas tecnologías energéticas genera oportunidades de eficiencia y sostenibilidad, pero también exige adaptar las estrategias de prevención y gestión del riesgo.
Como explicó Pedreira, muchos de estos riesgos terminan manifestándose a través de la propia “piel del edificio”, por lo que la envolvente adquiere un papel determinante para limitar la propagación del fuego.
La sesión de Espacio Inade supuso además el regreso de esta iniciativa de Fundación Inade tras el parón estival y permitió a los asistentes conocer los principales riesgos asociados a las instalaciones fotovoltaicas y de almacenamiento, así como las medidas de prevención y protección que pueden contribuir a reducir su impacto.