La falta de liquidez complica el pago del Impuesto sobre Sociedades en numerosas pymes

La falta de liquidez complica el pago del Impuesto sobre Sociedades en numerosas pymes

La liquidez empresarial se convierte en un factor clave durante la campaña del Impuesto sobre Sociedades, especialmente para las pymes con beneficios reinvertidos. Industria, construcción, logística y servicios figuran entre los sectores donde las tensiones de liquidez complican el pago.


Además de las obligaciones fiscales correspondientes al segundo trimestre, en julio finaliza el plazo para presentar y liquidar el Impuesto sobre Sociedades del ejercicio anterior, un tributo que cada año presentan más de 1,6 millones de empresas. Aportó más de 39.000 millones de euros a las arcas públicas durante 2025, según los últimos datos de la Agencia Tributaria.

El verdadero reto para muchas pymes no está en el impuesto en sí, sino en el momento en el que debe afrontarse. El gravamen se calcula sobre el beneficio obtenido durante el ejercicio anterior, pero ese beneficio rara vez permanece inmovilizado en la cuenta bancaria. En la mayoría de los casos, ya ha sido destinado a nuevas contrataciones, compra de maquinaria, ampliación de stock, amortización de deuda o inversiones para hacer crecer el negocio.

John Belalcázar, CEO de Impulsa CFO

Es precisamente esa diferencia entre el beneficio contable y la liquidez disponible la que explica por qué empresas rentables pueden atravesar tensiones de tesorería cuando llega el calendario fiscal.

«Existe la falsa percepción de que una empresa con beneficios dispone automáticamente del dinero para pagar impuestos. La realidad es muy distinta, ese beneficio suele haberse reinvertido meses antes para financiar el crecimiento del propio negocio».

Ganar dinero no significa tener liquidez

El Impuesto sobre Sociedades grava el resultado económico obtenido por la empresa, no el efectivo disponible en ese momento. Esta diferencia, aparentemente técnica, tiene consecuencias muy reales sobre la gestión empresarial.

Mientras los gastos de explotación, las nóminas o las inversiones consumen liquidez prácticamente de forma inmediata, muchos ingresos continúan sujetos a plazos de cobro que, en España, superan de media los 80 días en numerosos sectores empresariales. El resultado es que muchas compañías deben afrontar el pago del impuesto antes incluso de haber cobrado parte de las ventas que generaron esos beneficios.

La situación resulta especialmente compleja en actividades intensivas en circulante, como la industria, la construcción, la logística o determinados servicios, donde el esfuerzo financiero comienza mucho antes de que entren los ingresos.

El calendario fiscal no cambia

Cada ejercicio, las compañías conocen con meses de antelación cuándo deberán presentar el Impuesto sobre Sociedades. Sin embargo, desde Impulsa CFO observan que muchas pymes continúan gestionando este momento de forma reactiva.

«El problema no suele ser el impuesto, el problema es llegar a julio sin haber reservado suficiente efectivo durante el año. Cuando eso ocurre, la empresa se ve obligada a retrasar inversiones, aplazar pagos o recurrir a financiación urgente en condiciones mucho menos favorables», señala Belalcázar.

Esta situación se ha visto agravada por un contexto económico marcado por el aumento de los costes operativos, unos tipos de interés todavía elevados y unas condiciones de financiación más exigentes que hace apenas unos años.

Tres decisiones que ayudan a proteger la liquidez

Aunque cada empresa presenta una realidad distinta, las organizaciones que llegan a julio con mayor estabilidad financiera suelen compartir tres decisiones de gestión:

  • Provisionar el impuesto durante todo el ejercicio. Reservar mensualmente una parte del beneficio destinada al pago del Impuesto sobre Sociedades evita que la salida de caja se concentre en un único momento del año.
  • Gestionar la tesorería, no solo la cuenta de resultados. Trabajar con previsiones de liquidez a 60 y 90 días permite anticipar tensiones, diferenciar el beneficio del efectivo disponible y tomar decisiones antes de que aparezcan los problemas.
  • Negociar la financiación cuando no es urgente. Las empresas que estructuran con antelación sus líneas de crédito o pólizas de circulante mantienen capacidad de negociación y acceden a mejores condiciones que aquellas que buscan liquidez cuando la tensión financiera ya es evidente.

Más allá de su función recaudatoria, el Impuesto sobre Sociedades se ha convertido en uno de los mejores indicadores para medir el grado de planificación financiera de una empresa.

Con los plazos de cobro tensionando la liquidez y un acceso al crédito que exige cada vez más solvencia, julio deja de ser únicamente un mes de obligaciones fiscales para convertirse en una prueba de la capacidad de anticipación de las pymes.

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