
La perimenopausia es una fase previa a la menopausia que puede iniciarse de forma gradual. Los primeros signos no siempre se identifican con facilidad, en parte por la variabilidad con la que se manifiesta.
Aunque su inicio varía en cada mujer, esta transición suele comenzar varios años antes de la última menstruación. En términos generales, la menopausia se sitúa entre los 45 y los 55 años, por lo que muchas mujeres empiezan a notar cambios en la década de los 40 y, en algunos casos, antes
Oscilaciones de estrógenos y progesterona
Durante esta fase, las oscilaciones de estrógenos y progesterona alteran el ciclo menstrual y también pueden repercutir en el descanso, la regulación térmica, el estado de ánimo y la concentración. Por eso, no siempre se manifiesta solo con sofocos. En muchas mujeres, las primeras señales son reglas irregulares, sangrados más abundantes o más próximos entre sí, despertares nocturnos, cansancio persistente, irritabilidad, niebla mental, palpitaciones, molestias musculares o sequedad vaginal
Ana María Román, jefa de Servicio de Ginecología de Moraleja
“Uno de los principales retos de la perimenopausia es que sus síntomas suelen aparecer de forma progresiva y se atribuyen a otras causas. Muchas mujeres consultan por insomnio, irritabilidad o cansancio sin relacionarlo con un origen hormonal. Identificar esta etapa permite intervenir antes y mejorar el proceso”.
La edad también es un dato clínico relevante
A partir de los 40, sobre todo cuando coinciden cambios menstruales con sofocos, sudoración nocturna o peor descanso, conviene contemplar la perimenopausia como una posible explicación. Cuando el sangrado se vuelve muy abundante, dura más de lo habitual, aparece entre reglas o reaparece tras un tiempo prolongado sin menstruación, resulta recomendable consultar.
Además de los cambios físicos, esta etapa también puede tener un impacto en el bienestar emocional. Las fluctuaciones hormonales afectan a neurotransmisores implicados en la regulación del estado de ánimo, lo que puede aumentar la sensibilidad al estrés o favorecer episodios de ansiedad. A esto se suman factores propios del momento vital que pueden intensificar la percepción de los síntomas.
Medidas para afrontar la perimenopausia de forma saludable:
Registrar los cambios del ciclo menstrual
Anotar si las reglas se adelantan, se espacian, cambian de intensidad o se acompañan de sangrados anómalos ayuda a orientar la valoración clínica y a detectar antes esta transición.
Cuidar el descanso
Establecer rutinas regulares y favorecer un entorno adecuado mejora la calidad del sueño, especialmente cuando aparecen despertares nocturnos.
Mantener actividad física de forma regular
El ejercicio mejora el estado de ánimo, favorece el sueño y contribuye a preservar la función física y la salud ósea en una etapa marcada por cambios hormonales progresivos.
Revisar la alimentación
Una dieta equilibrada, con aporte suficiente de calcio, vitamina D y proteínas resulta clave para mantener el bienestar general en esta etapa.
Consultar con profesionales sanitarios si los síntomas interfieren en el día a día
Cuando el impacto afecta al descanso, al trabajo, a la esfera emocional o a la vida sexual, conviene valorar opciones de tratamiento y seguimiento individualizado, incluida la terapia hormonal cuando esté indicada.