
El cambio de rutinas en vacaciones de verano y el incremento de las temperaturas elevan el riesgo de desorientación, cansancio y descompensación física en las personas mayores con patologías crónicas.
Las vacaciones de verano suelen modificar el ritmo habitual de la vida diaria. En las personas mayores, esa alteración tiene más impacto cuando existen enfermedades crónicas, deterioro cognitivo, movilidad reducida o una red de apoyo limitada. En algunas personas, esa ruptura de referencias diarias se traduce en más cansancio, peor orientación o necesidad de apoyo para tareas que en casa realizan con mayor seguridad. El calor añade otro factor de tensión para el organismo, sobre todo cuando se descansa peor o se modifican horarios importantes, como los de la medicación.
Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores
“Cuando se alteran los horarios de medicación, se bebe menos agua o se duerme peor, aumenta el riesgo de que aparezcan mareos, debilidad o confusión. En personas con enfermedades previas, el calor actúa además como un factor de descompensación. La planificación debe partir siempre del estado de salud real de cada persona”.
Hidratación y evitar la exposición a las altas temperaturas
Con la edad, la sensación de sed disminuye y el cuerpo tarda más en adaptarse al calor. Esta situación incrementa el riesgo de deshidratación, bajadas de tensión y caídas, especialmente si la persona toma diuréticos, antihipertensivos u otros tratamientos que requieren seguimiento. También conviene revisar cómo deben conservarse los medicamentos cuando se viaja o cuando la vivienda alcanza temperaturas elevadas durante muchas horas.
La dimensión emocional debe tenerse en cuenta
Para algunas personas mayores, las vacaciones hacen más visible la soledad si su entorno habitual se desplaza o si disminuyen las visitas. En otros casos, la convivencia familiar intensa resulta agotadora, sobre todo cuando se encadenan planes sin respetar sus tiempos de descanso. La clave está en mantener a la persona implicada en las decisiones y no convertir el viaje en una agenda cerrada.
Jorge Buenavida, psicólogo de Blua de Sanitas
“Las vacaciones pueden ser una oportunidad muy valiosa para compartir tiempo en familia y fortalecer los vínculos, pero también pueden hacer más visibles algunas dificultades, como la pérdida de autonomía, la tristeza o la sensación de depender demasiado de los demás. Por eso, es importante dedicar tiempo a escuchar a la persona mayor, preguntarle cómo se siente y qué necesita en cada momento. Incluirla en decisiones sencillas —como elegir un plan o decidir cuándo descansar— y respetar sus ritmos ayuda a reducir la ansiedad y favorece que viva el verano de forma más tranquila, segura y satisfactoria”.
Pautas para organizar las vacaciones con personas mayores:
Revisar la medicación antes de salir. Conviene llevar dosis suficientes, mantener los horarios habituales y comprobar las indicaciones de conservación. Si existen varios tratamientos, una pauta escrita ayuda a evitar olvidos.
Evitar las horas de más calor. Los desplazamientos y paseos deben concentrarse en momentos más frescos del día. En jornadas de altas temperaturas, resulta preferible elegir espacios ventilados y con posibilidad de descanso.
Mantener referencias reconocibles. Conservar horarios parecidos de sueño y comidas facilita la adaptación. En personas con deterioro cognitivo, tener a la vista algún objeto personal ayuda a orientarse mejor.
Adaptar los planes a la energía disponible. No todos los días deben estar llenos de actividad. Las salidas breves y los descansos intermedios evitan sobrecargas cuando hay dolor, fatiga o problemas de movilidad.
Revisar la seguridad del entorno. Una vivienda poco habitual aumenta el riesgo de caídas. Mejorar la iluminación nocturna, retirar obstáculos y localizar bien el baño facilita que la persona se mueva con más confianza.
Observar cambios de alerta. La confusión repentina, la somnolencia inusual, la debilidad intensa, la fiebre o el empeoramiento brusco del estado general requieren valoración profesional.
“Una buena planificación permite disfrutar de las vacaciones sin comprometer la salud ni la autonomía. El objetivo es conservar aquello que da seguridad, adaptar los planes a la capacidad funcional de cada persona y consultar, también mediante videoconsulta cuando se está fuera del domicilio habitual, si aparecen dudas sobre medicación, enfermedades crónicas o cambios físicos y emocionales”, concluye la directora médica de Sanitas Mayores.