El descanso nocturno puede resultar insuficiente pese a dormir entre siete y ocho horas

El descanso nocturno puede resultar insuficiente pese a dormir entre siete y ocho horas

Las rutinas de sueño irregulares alteran el ritmo biológico y pueden provocar un descanso nocturno menos estable y menos reparador. La falta de continuidad del sueño interfiere en la recuperación cognitiva y puede afectar la atención y la capacidad de concentración diaria. 


Dormir siete u ocho horas suele considerarse sinónimo de buen descanso

Sin embargo, la duración del sueño no siempre refleja su calidad ni garantiza una recuperación mental real. Hay personas que cumplen con las horas recomendadas y, pese a ello, se levantan cansadas, con sensación de saturación o dificultad para concentrarse al comenzar el día.

El descanso mental depende de varios factores

No solo influye cuánto tiempo se duerme, sino también cómo se duerme y en qué estado llega el cerebro al momento de acostarse. La preocupación sostenida, la sobrecarga de tareas, el uso continuo de pantallas o la sensación de estar siempre disponible pueden mantener un nivel de activación elevado incluso durante la noche.

En muchos casos, la persona puede percibir que duerme de forma continua, aunque se produzcan interrupciones breves a lo largo de la noche. El Estudio Sanitas sobre la Salud del Sueño señala que el 86,7% de la población se despierta durante la noche y, en más de la mitad de los casos, lo hace varias veces. Este tipo de fragmentación, junto con rutinas poco estables, horarios irregulares, exceso de estímulos antes de dormir o una carga emocional mantenida durante semanas, puede hacer que el descanso resulte menos reparador.

Silvia Mérida, psicóloga de Blua de Sanitas

“En algunos casos, el problema no está en la duración del sueño, sino en su continuidad. A lo largo de la noche pueden producirse microdespertares que no se recuerdan y que fragmentan el descanso y dificultan que el cerebro complete sus ciclos de forma estable. Esta interrupción repetida reduce la sensación de recuperación al día siguiente, aunque aparentemente se haya dormido del tirón”.

Durante el sueño se consolidan recuerdos, se regulan procesos emocionales y se restablecen funciones cognitivas como la atención o la toma de decisiones. Cuando ese proceso se interrumpe o pierde calidad, pueden aparecer señales como irritabilidad, fatiga mental, lentitud para pensar o mayor dificultad para gestionar el estrés cotidiano.

Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores

“Con la edad, el sueño tiende a volverse más ligero y fragmentado, con más despertares y menor presencia de fases profundas, que son las más reparadoras. A esto se suman cambios en el ritmo biológico, enfermedades crónicas o el uso de determinados fármacos, factores que pueden hacer que el descanso sea menos eficaz, aunque se mantenga el tiempo total de sueño”, señala .

Pautas para favorecer un descanso más reparador:

Cuidar la transición al sueño. El paso de la actividad diaria al descanso no es inmediato. Es importante dedicar los últimos minutos del día a actividades calmadas facilita que el organismo reduzca su nivel de activación. Rutinas sencillas, como leer o mantener una iluminación más tenue, ayudan a preparar ese cambio de forma progresiva.

Limitar la estimulación digital nocturna. El uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse prolonga la activación mental y retrasa la desconexión. Además del contenido, la propia interacción constante con el móvil o el ordenador mantiene al cerebro en modo de alerta, lo que puede dificultar el inicio de un sueño más profundo.

Mantener horarios relativamente estables. Acostarse y levantarse en horarios similares contribuye a que el organismo regule mejor su ritmo interno. Cuando estos horarios varían de forma frecuente, el cuerpo pierde referencias y el descanso puede volverse más irregular y menos reparador.

Introducir pausas durante el día. El descanso nocturno no compensa por sí solo una jornada sin momentos de desconexión. Incorporar pausas breves a lo largo del día permite reducir la carga mental acumulada y favorece que el organismo llegue a la noche en mejores condiciones para descansar.

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