
Los caudales mínimos históricos en el Rin y el Danubio reducen la carga de las barcazas al 20 %, amenazando las cadenas de suministro y el crecimiento de las economías europeas.
A comienzos de agosto, las barcazas que navegaban por el Rin transportaban únicamente alrededor del 20 % de su carga habitual. Los niveles históricamente bajos de agua en los ríos Rin y Danubio están perturbando el transporte de mercancías, comprometiendo determinadas infraestructuras energéticas y agravando las presiones sobre varios sectores industriales europeos. Aunque se espera que los niveles de agua sigan siendo bajos a corto plazo, sus efectos podrían persistir durante los próximos meses y afectar al crecimiento de las economías más vulnerables, tal y como indican los economistas de Coface.
Los ríos europeos, en niveles históricamente bajos
Desde hace varios meses, Europa está experimentando condiciones excepcionalmente cálidas y secas, que han reducido de forma significativa el caudal de numerosos ríos. Las consecuencias son especialmente visibles en el Rin y el Danubio, dos vías fluviales estratégicas para el transporte y la actividad económica del continente. El nivel del agua del Rin alcanzó un nuevo mínimo histórico a principios de agosto en la estación de medición de Kaub (Alemania), descendiendo hasta apenas 8 cm, muy por debajo del umbral de 78 cm a partir del cual la navegación se vuelve restringida e, incluso, por debajo del anterior mínimo histórico de 25 cm, registrado en 2018. Asimismo, varios tramos del Danubio en Hungría y Rumanía también registraron niveles nunca antes observados.
Más allá de la problemática medioambiental, esta situación está teniendo ya efectos económicos tangibles. Los bajos niveles de agua afectan directamente al transporte de mercancías, al funcionamiento de determinadas instalaciones energéticas y, por extensión, a la actividad de los sectores industriales que dependen de estas infraestructuras.
Una crisis logística que amenaza las cadenas de suministro
Aunque el transporte fluvial representa solo una pequeña proporción del transporte de mercancías en Europa, desempeña un papel estratégico en varios países atravesados por el Rin y el Danubio (el 5,4 % del transporte de mercancías en Alemania y hasta el 19,2 % en Rumanía). Además, el 72 % del transporte europeo por vías navegables interiores corresponde al Rin (60%) y al Danubio (12%), y la posibilidad de recurrir a otros modos de transporte sigue siendo limitada: una embarcación fluvial puede transportar cerca de 2.000 toneladas de mercancías, frente a un máximo de 1.500 toneladas para un tren de carga y apenas 25 toneladas para un camión cisterna.
Por otro lado, así como señalan los economistas de Coface, las consecuencias de los bajos niveles de agua ya son evidentes, tanto en los volúmenes transportados como en los costes de transporte. A principios de agosto, algunas barcazas que navegaban por el Rin solo podían transportar alrededor del 20 % de su capacidad habitual. En determinados tramos del Danubio, los operadores también se han visto obligados a reducir sus cargas, en algunos casos hasta un 40 % en el tramo rumano del río.
Durante el anterior gran episodio de sequía, en 2018, el coste del transporte fluvial aumentó 2,5 veces para las mercancías secas a granel y hasta 4,5 veces para los productos líquidos a granel, como consecuencia de las restricciones de carga y los recargos aplicados por los operadores. Una realidad que podría verse replicada con este nuevo evento climático.
El sector energético, también bajo presión en Europa Central
Las consecuencias de la sequía no se limitan al transporte. El Danubio también desempeña un papel fundamental en la refrigeración de determinadas centrales nucleares. En Hungría y Rumanía, los bajos niveles del río ya han alterado las operaciones de las centrales de Paks y Cernavodă, respectivamente.
Estas instalaciones constituyen las únicas fuentes de energía nuclear de sus países y representan aproximadamente el 40 % de la generación eléctrica de Hungría y el 20,5 % de la de Rumanía. Para compensar la reducción de la producción, los operadores deben importar electricidad o recurrir a centrales de ciclo combinado alimentadas por gas, una opción más costosa.
Aunque no existe un riesgo inmediato de cortes generalizados de suministro eléctrico, esta situación contribuye a incrementar las facturas energéticas y a agravar las tensiones en los mercados regionales. En Rumanía, por ejemplo, la electricidad importada cuesta entre 2 y 2,5 veces más que la generada en el país.
Además, los gobiernos de Hungría y Rumanía ya han adoptado medidas para reducir temporalmente el consumo eléctrico de algunos grandes consumidores industriales, con el fin de aliviar la presión sobre el sistema. Estas reducciones afectan especialmente a las industrias de alto consumo energético, como los sectores automovilístico, químico y metalúrgico.
El sector químico alemán, en primera línea
El sector químico alemán, ampliamente concentrado a lo largo del Rin, es uno de los sectores más dependientes del transporte fluvial. La planta de BASF en Ludwigshafen ilustra claramente esta vulnerabilidad. Situada al sur del punto crítico de Kaub, transporta aproximadamente el 40 % de sus mercancías por barcaza fluvial. Un mayor descenso del nivel del agua podría provocar nuevas interrupciones en las conexiones con los grandes puertos de Ámsterdam, Róterdam y Amberes, fundamentales para su cadena de suministro.
De hecho, durante el anterior episodio importante de bajos niveles de agua en 2018, el crecimiento real del PIB de Alemania se redujo entre 0,3 y 0,4 puntos porcentuales.
Este contratiempo se produce en un momento en que la industria química alemana ya se encuentra debilitada por los elevados costes energéticos y la pérdida de competitividad, y cuando su producción ha caído aproximadamente un 20 % desde 2018.
La creciente vulnerabilidad de la economía europea
A corto plazo, las previsiones hidrológicas apuntan a una mejora limitada de la situación. En el Rin, el periodo estacional de bajos niveles de agua suele prolongarse hasta el otoño, lo que sugiere que las perturbaciones podrían continuar durante las próximas semanas.
A más largo plazo, la disminución de la cubierta nival, el retroceso de los glaciares y el aumento de las olas de calor extremas podrían hacer que este tipo de episodios sea más frecuente en el futuro. Esta situación pone de manifiesto la necesidad de que las empresas y los responsables públicos integren más plenamente los riesgos climáticos en sus estrategias logísticas, industriales y energéticas. Para las empresas que dependen del transporte por vías navegables interiores, el desafío ya no se limita a la gestión puntual de un episodio aislado de sequía: plantea la cuestión de la diversificación de las cadenas de suministro y de su capacidad para absorber interrupciones climáticas cada vez más frecuentes.
Eve Barré, economista de Coface
“Los bajos niveles de agua en el Rin y el Danubio demuestran que los fenómenos meteorológicos extremos ya no son solo una cuestión medioambiental. Se están convirtiendo en un factor económico capaz de afectar simultáneamente a la logística, la energía y la actividad industrial. La situación actual resulta aún más preocupante porque se ha producido antes y con mayor intensidad que en 2018, en un contexto de crecimiento económico más débil en Europa”.