
La pérdida auditiva no tratada figura entre los factores de riesgo modificables de demencia identificados por la Comisión Lancet. La evidencia científica apunta a una asociación entre deterioro auditivo y riesgo de demencia, aunque los estudios no establecen que la pérdida auditiva provoque Alzheimer.
Coincidiendo con el Día Mundial del Alzheimer, Oticon pone el foco en la relación entre la salud auditiva y la salud cerebral, un vínculo que ha adquirido mayor relevancia en la investigación científica sobre el envejecimiento y la demencia.
La compañía recuerda, a través de su filosofía BrainHearing™, que la audición no consiste únicamente en percibir sonidos. El cerebro también debe procesar e interpretar la información sonora procedente del entorno.
La evidencia disponible sitúa la pérdida auditiva entre los factores de riesgo modificables de la demencia. La Comisión Lancet sobre prevención, intervención y cuidado de la demencia la incluye entre los 14 factores identificados con mayor relevancia desde la mediana edad.
No obstante, la propia evidencia establece una distinción importante: la asociación entre pérdida auditiva y demencia no implica causalidad. La pérdida auditiva no significa que una persona vaya a desarrollar Alzheimer ni permite afirmar que sea su causa.
Una relación que continúa investigándose
Uno de los estudios citados en la información de Oticon siguió durante casi 12 años a más de 600 personas sin demencia y observó que quienes presentaban una mayor pérdida auditiva inicial tenían también un mayor riesgo de desarrollar demencia.
Investigaciones posteriores han observado igualmente una relación entre el grado de pérdida auditiva y el riesgo de demencia, aunque la magnitud de la asociación varía según los estudios.
Los investigadores manejan varias hipótesis para explicar esta relación. Una de ellas es el esfuerzo de escucha: cuando el cerebro recibe una señal sonora menos clara, debe dedicar más recursos a interpretar la información que no percibe adecuadamente.
Otra hipótesis apunta al aislamiento social que pueden generar las dificultades para mantener conversaciones, mientras que una tercera plantea que una menor estimulación sensorial podría tener alguna relación con el deterioro cognitivo.
Finalmente, también se contempla la posibilidad de que la pérdida auditiva y determinados procesos de neurodegeneración compartan factores de origen, sin que una condición provoque necesariamente la otra.
La importancia de detectar la pérdida auditiva
La salud auditiva se incorpora así a la conversación sobre los factores asociados a un envejecimiento cerebral saludable, junto a aspectos como la actividad física, el control de la hipertensión y el mantenimiento de las relaciones sociales.
Según la Organización Mundial de la Salud, más de 1.500 millones de personas en el mundo conviven con algún grado de pérdida auditiva. Una parte importante de estos casos permanece sin diagnosticar durante años, debido en parte a que el deterioro suele producirse de forma progresiva.
Entre las señales que pueden indicar una pérdida auditiva se encuentran la necesidad frecuente de pedir que se repitan las conversaciones, subir más de lo habitual el volumen del televisor o evitar conversaciones en grupo.
Ante estas situaciones, los expertos recomiendan consultar con un profesional de la audición, especialmente a partir de los 50 o 60 años.
Tecnología auditiva y procesamiento del sonido
La evidencia disponible también analiza el posible papel de las soluciones auditivas para mantener la comunicación, la participación social y la calidad de vida. En personas con mayor riesgo cognitivo se ha investigado asimismo su posible relación con la velocidad del declive cognitivo.
En este ámbito, Oticon incorpora inteligencia artificial mediante redes neuronales profundas en el procesamiento del sonido. Según la compañía, sus dispositivos han sido entrenados con millones de escenas sonoras reales para identificar diferentes elementos de un entorno acústico, como voces, señales de alerta y sonido ambiente.
El objetivo de este procesamiento es preservar la escena sonora completa en lugar de centrarse exclusivamente en amplificar o aislar la voz, de manera que el cerebro pueda determinar a qué sonidos prestar atención.
Sergio Álvarez, audiólogo y manager de Formación de Oticon en España, señala que durante años la pérdida auditiva se ha abordado principalmente desde la perspectiva del volumen. Ahora, explica, la investigación plantea también qué exigencias supone para el cerebro recibir una información sonora incompleta.
Un ámbito todavía abierto a la investigación
La relación entre audición y salud cerebral continúa siendo objeto de investigación. Los estudios disponibles muestran una asociación entre pérdida auditiva y riesgo de deterioro cognitivo, pero no permiten establecer por sí solos una relación causal directa con la enfermedad de Alzheimer.
En este contexto, Oticon plantea la detección y el abordaje temprano de la pérdida auditiva como parte de una perspectiva más amplia sobre el envejecimiento saludable y anima a no asumir que el deterioro de la audición es necesariamente una consecuencia inevitable de la edad.