Salud mental y enfermedades del corazón: una relación clave para la prevención

Salud mental y enfermedad cardiovascular: una relación clave para la prevención

IMQ destaca la conexión entre la salud mental psicológico y salud del corazón en el marco de la iniciativa “Lo primero, prevenir”

La relación entre salud mental y enfermedad cardiovascular es estrecha, aunque durante años ha sido infravalorada en la práctica clínica. Así lo subraya el Dr. Juan Carlos Ibáñez de Maeztu, cardiólogo de IMQ, quien afirma que “está extensamente demostrada la interrelación entre bienestar mental y salud cardiovascular, ya que los trastornos de salud mental implican un riesgo cardiovascular aumentado”.

El experto añade que esta relación también funciona en sentido inverso, ya que la aparición de una enfermedad cardiovascular puede incrementar el riesgo de desarrollar problemas de salud mental.

Una visión más amplia del concepto de salud

Hasta hace décadas, la salud se entendía únicamente como la ausencia de enfermedad física. Sin embargo, este enfoque ha evolucionado. La Organización Mundial de la Salud define la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social, no solo la ausencia de dolencias.

En esta misma línea, el Consenso de Expertos de la Sociedad Europea de Cardiología ha definido el bienestar mental como la capacidad de afrontar el estrés diario, utilizar las capacidades personales, trabajar de forma eficaz y contribuir a la comunidad.

Impacto del bienestar mental en el riesgo cardiovascular

El bienestar mental, entendido como optimismo, satisfacción personal y equilibrio emocional, se asocia con un menor riesgo cardiovascular. Sin embargo, diferentes factores de la vida cotidiana pueden alterar este equilibrio, como el estrés laboral, el desempleo, la soledad o experiencias traumáticas. Estas situaciones pueden derivar en trastornos como depresión o ansiedad, que a su vez tienen impacto directo en la salud del corazón.

El Dr. Ibáñez de Maeztu explica que la depresión se asocia a un mayor riesgo de insuficiencia cardíaca y fibrilación auricular, mientras que la ansiedad se relaciona con arritmias, menor adherencia a hábitos saludables y mayor mortalidad cardiovascular.

También señala el impacto del trastorno de estrés postraumático, que puede aumentar entre un 20% y un 50% el riesgo cardiovascular, así como el mayor riesgo en pacientes con enfermedades mentales graves debido a factores metabólicos, conductuales y farmacológicos.

Cuando la enfermedad cardiovascular afecta a la salud mental

La relación también funciona en sentido contrario. Los episodios agudos como un infarto pueden generar ansiedad, miedo o síntomas depresivos. En algunos casos, incluso pueden desencadenar estrés postraumático.

En enfermedades crónicas como la insuficiencia cardíaca, es frecuente la pérdida de autoestima y el aumento de la dependencia, lo que impacta directamente en el bienestar emocional del paciente.

Las cifras reflejan esta realidad. Tras un síndrome coronario agudo, los síntomas depresivos pueden afectar hasta al 40% de las mujeres y al 22% de los hombres menores de 60 años. En insuficiencia cardíaca, la prevalencia de depresión alcanza aproximadamente un tercio de los pacientes.

Hacia una integración real en la práctica clínica

Según el cardiólogo de IMQ, la salud mental todavía no se evalúa de forma sistemática en la atención cardiovascular. Para cambiar esta situación, el Consenso Europeo de Cardiología propone integrar la evaluación psicológica en la práctica clínica habitual.

Entre las medidas recomendadas se incluyen la detección sistemática de síntomas, el uso de cuestionarios validados y la creación de equipos multidisciplinares “psico-cardio” que integren cardiólogos y profesionales de salud mental.

También se plantea la necesidad de intervenciones personalizadas, que incluyan cambios en el estilo de vida, apoyo psicológico y tratamiento farmacológico cuando sea necesario.

El objetivo final es mejorar la calidad de vida de los pacientes, aumentar la adherencia a los tratamientos y reducir el impacto global de la enfermedad cardiovascular.

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