
La actual crisis ferroviaria en España, marcada por accidentes graves, interrupciones del servicio y continuos retrasos, está teniendo un impacto silencioso en el mercado laboral: algunas empresas están descartando candidatos que dependen del tren para desplazarse al trabajo, un sesgo que, según los expertos, agrava las desigualdades y plantea serias alertas éticas y jurídicas en los procesos de selección.
Este fenómeno, que ya existía de forma latente, se ha intensificado en las últimas semanas ante el debilitamiento del sistema ferroviario, especialmente en servicios de Cercanías y Rodalies. Para miles de trabajadores, el tren no es una opción, sino la única alternativa viable para llegar a su puesto de trabajo, lo que convierte la movilidad en un factor de exclusión no declarado.
Según Luciane Rabello, psicóloga, especialista en gestión de personas y directora ejecutiva de TalentSphere People Solutions, este tipo de prácticas revelan un problema que va más allá de la logística.
“Cuando el trabajador se enfrenta a un riesgo real o percibido en el desplazamiento, no estamos hablando solo de organización, sino de salud mental y seguridad laboral. Descartar a un candidato porque depende del tren, especialmente tras una serie de accidentes graves, es éticamente problemático y jurídicamente cuestionable”, afirma.
Accidentes y colapso del sistema
En enero de 2026, España vivió una de las semanas ferroviarias más graves de su historia reciente. La colisión de dos trenes de alta velocidad en Adamuz (Córdoba), con 46 fallecidos y casi 300 heridos, fue seguida de otros accidentes en Cataluña y cerca de Cartagena, poniendo de manifiesto fallos estructurales y carencias de mantenimiento en la red ferroviaria.
A ello se suman huelgas, paros y retrasos derivados de las reivindicaciones sindicales en materia de seguridad, lo que ha incrementado la percepción de riesgo entre los trabajadores y las empresas.
El papel de la inteligencia artificial en la exclusión
El uso creciente de inteligencia artificial en los procesos de selección añade una nueva capa de complejidad al problema. Los algoritmos de cribado de currículos tienden a priorizar perfiles con “mayor compatibilidad logística”, basándose en datos como la dirección, el tiempo estimado de desplazamiento o la disponibilidad inmediata.
“Con la IA, este prejuicio deja de ser solo humano y pasa a ser sistémico. El algoritmo reproduce sesgos y transforma la desigualdad en criterio técnico. Las personas que dependen del transporte público acaban invisibilizadas”, advierte Rabello.
Esta lógica, orientada a la eficiencia y a la reducción de costes operativos, reproduce desigualdades estructurales y penaliza especialmente a colectivos con menos recursos o alternativas de movilidad.
Más accidentes ‘in itinere’ y mayor riesgo
Los datos refuerzan la preocupación. Entre enero y diciembre de 2024 se registraron en España más de 628.000 accidentes laborales con baja, con un aumento del 3,1% en los accidentes durante los desplazamientos al trabajo. Los accidentes mortales in itinere crecieron un 7,1%, evidenciando que los riesgos no se limitan al entorno laboral, sino también a los trayectos diarios en transporte público.
Hacia políticas de RRHH más inclusivas
Los expertos en relaciones laborales y salud ocupacional reclaman una respuesta corporativa más amplia. Para Rabello, la solución no pasa solo por flexibilizar horarios:
“Los Recursos Humanos deben promover una cultura de acogida, con apoyo psicológico, diálogo abierto y alternativas como el teletrabajo o ajustes de jornada. Estas medidas no solo protegen al trabajador, sino que refuerzan la inclusión y el compromiso dentro de la organización”.
La crisis ferroviaria actúa así como una doble advertencia: por un lado, sobre la urgencia de invertir en infraestructuras seguras y fiables; por otro, sobre la necesidad de revisar los criterios —humanos y automatizados— con los que se gestiona el talento, para evitar que la tecnología y el miedo al riesgo se conviertan en nuevas formas de exclusión laboral.