Fundación Mapfre revela los riesgos de las dietas de exclusión alimentaria

Dietas de exclusión

Las dietas de exclusión no supervisadas por profesionales sanitarios capacitados en nutrición y dietética pueden implicar riesgos para la salud.

Durante los últimos años el gluten y la lactosa han adquirido la fama de nutrientes poco saludables. Muchas personas han decidido eliminarlos de su dieta. Concretamente, la dieta sin lactosa es el tipo de dieta de exclusión más seguida por la población española.

Algo parecido sucede con el gluten. Un 8% de los encuestados declara realizar una dieta sin gluten. Un 70% la hace extensiva a sus familias. Sin embargo, esta exclusión no tendría justificación científica para el 72% de los casos.

De hecho, se estima que el 61% de los sujetos que sigue una dieta de exclusión de lactosa y el 72% de los sujetos que lo hacen con el gluten podrían estar haciéndolo sin que la eliminación de dichos componentes estuviera justificada desde el punto de vista científico.

Informe sobre exclusión de alimentos

Estas prácticas han sido recogidas en el primer informe sobre exclusión de alimentos publicado por Fundación MAPFRE y la Academia Española de Nutrición y Dietética.

En él también se revela la posible relación entre quienes siguen dietas libres de gluten y lactosa. Un 79% de los que evitan el gluten, excluyen también lactosa y el 56% de quienes adoptan una dieta sin lactosa, hacen lo propio con el gluten.

Dieta flexitariana, vegana y vegetariana

Otras dietas de exclusión presentes en los hábitos de los españoles son la flexitariana (7%), caracterizada por una baja ingesta de carnes. La vegetariana (4%), que excluye carnes y pescados, pero puede permitir lácteos y huevos. Y la vegana (0,8%) que no admite ningún alimento de origen animal. Este tipo de patrones dietéticos, en ocasiones, responden no solo a cuestiones de salud sino también a convicciones personales y/o a un estilo de vida determinado.

¿Cuáles son las razones de exclusión?

Cuando se pregunta a los encuestados qué razones los han llevado a excluir determinados alimentos, hasta un 40% reconoce que ha sido una decisión auto prescrita, derivada de una reflexión personal.

Si la decisión es por un problema de salud, el 32% ha acudido a un médico de familia o general, seguido de otros profesionales sanitarios como médico especialista (18%) o dietista-nutricionista (17%). La influencia de la familia representa un 17% y los medios de comunicación tienen también un peso importante (37%).

La preocupación por eliminar de la dieta ciertos alimentos afecta mayoritariamente a las mujeres

También a la población de mediana edad, quienes, en general, están más concienciados con el cuidado de su alimentación y estado físico.

“Hay que recordar que, ante la sospecha de enfermedad o síntoma se debe acudir al médico. Este realizará una valoración clínica y las pruebas necesarias para establecer un diagnóstico”, afirma el doctor Russolillo, presidente de la Academia Española de Nutrición y Dietética.

Alimentos y nutrientes menos saludables

Los alimentos, los nutrientes y los ingredientes percibidos como menos saludables son los más excluidos total o parcialmente tanto por las personas encuestadas como por su ámbito familiar. Destacan el aceite de palma, grasas hidrogenadas o trans (88%), aditivos (77%), bebidas edulcoradas (75%), bebidas azucaradas (72%), bebidas con alcohol (63%), galletas, bollería y dulces (61%).

Resulta curioso el caso de los aditivos. Son ingredientes autorizados por la Autoridad Europea en Seguridad Alimentaria (EFSA), están rigurosamente analizados y muchos de ellos sirven para mejorar la seguridad. Pese a ello son percibidos como malos y evitados por 7 de cada 10 personas.

Consecuencias de las dietas de exclusión sin asesoramiento sanitario

Las personas sanas necesitan una dieta equilibrada. Por lo tanto, las exclusiones alimentarias deben decidirse e implementarse bajo la supervisión de un profesional sanitario.

Riesgos para la salud:

  • Dieta vegetariana y vegana. La deficiencia de la vitamina B12 podría causar problemas leves o moderados como cansancio, debilidad, o mala memoria. O derivar en problemas más graves como la anemia megaloblástica, problemas neurológicos, depresión, o demencia.
  • Dieta sin gluten o baja en gluten. Realizarla sin el diagnóstico y el seguimiento diagnosticado adecuados, podría conllevar una menor ingesta de fibra, vitaminas D, B12 y folatos, así como de hierro, zinc, magnesio y calcio.
  • Dieta sin lactosa. Seguirla sin un diagnóstico de intolerancia total o parcial podría incrementar el riesgo de ingesta inadecuada de calcio.

En opinión de la doctora Arranz, “preocuparse por la salud y tratar de modificar aspectos relacionados con o la nutrición, es un aspecto positivo. Si dicho cambio viene motivado por la sospecha de padecer una enfermedad, alergia o intolerancia, el diagnóstico debe ser siempre realizado por un médico”.

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