La inteligencia artificial también puede ayudarnos a preparar nuestra jubilación

Inteligencia artificial para planificar mejor la jubilación

La inteligencia artificial empieza a abrir nuevas posibilidades en ámbitos que hasta hace poco parecían reservados al asesoramiento financiero tradicional. En esta tribuna, Julio Fernández García, CEO de JubilaME y profesor de IE Business School Headspring, analiza cómo esta tecnología puede contribuir a mejorar la planificación de la jubilación, desde la simulación de escenarios hasta el seguimiento continuo de los objetivos financieros, sin sustituir el criterio ni el acompañamiento profesional.

La inteligencia artificial también puede ayudarnos a preparar nuestra jubilación

Hablar de inteligencia artificial se ha convertido en algo cotidiano. La utilizamos para trabajar, buscar información, analizar datos o resolver dudas. Sin embargo, quizá una de sus aplicaciones con mayor impacto para las personas esté todavía por desarrollar: ayudarnos a tomar mejores decisiones sobre nuestro futuro financiero.

Y pocas decisiones requieren una visión tan a largo plazo como la jubilación.

Planificar correctamente la jubilación no consiste simplemente en contratar un plan de pensiones o decidir cuánto ahorrar cada mes. Es un proceso mucho más amplio que comienza por conocer nuestra situación actual, estimar cuáles serán nuestras necesidades futuras y determinar qué recursos tendremos disponibles para mantener el nivel de vida deseado cuando dejemos de trabajar.

Para hacerlo correctamente hay que considerar numerosas variables: nuestra futura pensión pública, los años que faltan hasta la jubilación, los ingresos y gastos actuales y futuros, el patrimonio acumulado, la inflación, la esperanza de vida o nuestra tolerancia al riesgo.

Además, cada persona es diferente. No basta con conocer su edad o sus ingresos. Una planificación adecuada debe combinar datos objetivos —situación personal y familiar, patrimonio, bienes, deudas o fiscalidad— con otros factores mucho más personales, como los objetivos que queremos alcanzar, nuestro horizonte temporal, nuestra tolerancia al riesgo o nuestros conocimientos y experiencias financieras.

Aquí es donde la inteligencia artificial puede marcar una diferencia importante.

Hasta ahora, relacionar todas estas variables, realizar proyecciones y convertirlas en información comprensible podía resultar complejo para una gran parte de la población. La inteligencia artificial permite procesar una gran cantidad de información y, sobre todo, convertirla en respuestas personalizadas que ayuden a entender las consecuencias de nuestras decisiones.

Imaginemos poder preguntar: ¿qué pensión puedo esperar cuando me jubile? ¿Cuánto necesitaré para mantener mi nivel de vida? ¿Qué ocurre si me jubilo dos años antes? ¿Cuánto debería ahorrar mensualmente? ¿Cómo afecta la inflación a mis objetivos? ¿Qué sucede si aumento mi ahorro en 100 euros al mes?

La verdadera revolución no está únicamente en obtener una respuesta. Está en poder simular diferentes escenarios y comprender cómo las decisiones que tomamos hoy pueden modificar nuestra situación dentro de veinte o treinta años.

Una planificación financiera debe establecer objetivos a corto, medio y largo plazo y, posteriormente, construir un plan que determine las aportaciones necesarias, la estrategia de inversión y el patrimonio que previsiblemente necesitaremos alcanzar en el momento de jubilarnos.

Pero existe otro elemento igualmente importante: una planificación no debería ser una fotografía estática.

Nuestra vida cambia. Cambian nuestros ingresos, nuestro patrimonio, nuestra situación familiar, nuestros gastos y también nuestros objetivos. Por eso, cualquier planificación seria debe revisarse periódicamente y adaptarse a las nuevas circunstancias.

También aquí la inteligencia artificial abre posibilidades hasta ahora difíciles de imaginar. Podemos evolucionar desde una planificación realizada una vez cada varios años hacia un modelo de acompañamiento mucho más continuo, capaz de ayudarnos a interpretar cambios y comprobar si seguimos en el camino adecuado para alcanzar nuestros objetivos.

Eso no significa sustituir al asesor financiero ni delegar nuestras decisiones en un algoritmo. Precisamente lo contrario. La tecnología debe servir para que las personas lleguen mejor informadas, comprendan mejor sus alternativas y puedan tomar decisiones con mayor criterio.

El gran potencial de la inteligencia artificial aplicada a la jubilación no consiste en predecir el futuro. Consiste en ayudarnos a prepararnos mejor para él.

Porque probablemente la pregunta ya no sea si la inteligencia artificial formará parte de nuestra planificación financiera, sino cómo podemos utilizarla para conseguir algo mucho más importante: llegar a la jubilación con mayor conocimiento, capacidad de decisión y tranquilidad.

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