La expansión de la IA acelera la presión sobre las redes energéticas en Europa y EE. UU.

La expansión de la IA acelera la presión sobre las redes energéticas en Europa y EE. UU.

La expansión de la IA impulsa una demanda energética histórica y refuerza el papel del capital privado en la financiación de infraestructuras eléctricas y baterías BESS.


El crecimiento de la IA y los centros de datos está impulsando una necesidad histórica de inversión en redes, almacenamiento y generación energética, en un contexto donde el capital privado será clave para sostener la transición.

La expansión de la inteligencia artificial está provocando una aceleración sin precedentes de la demanda energética global. El crecimiento de los centros de datos y de las cargas vinculadas a IA está obligando a replantear la capacidad de generación, almacenamiento y distribución eléctrica en Europa y Estados Unidos, impulsando una nueva fase de inversión en infraestructura energética.

Según distintas previsiones del sector, el consumo eléctrico de los centros de datos podría duplicarse antes de 2030, mientras que el asociado específicamente a aplicaciones de inteligencia artificial llegaría a triplicarse en ese mismo periodo. Esta tendencia está tensionando un sistema energético que ya acumulaba años de infra inversión en redes y capacidad de almacenamiento.

Fernando Dávila, CEO de Crowmie

El debate sobre la inteligencia artificial suele centrarse en software y productividad, pero la verdadera batalla se está librando en la energía. La IA está creando una demanda eléctrica que el sistema actual no estaba preparado para absorber”.

Redes saturadas y necesidad creciente de almacenamiento

La creciente electrificación de la economía, sumada al desarrollo de la IA, está acelerando la necesidad de desplegar nuevas infraestructuras energéticas. Redes eléctricas, capacidad de generación renovable y sistemas de almacenamiento mediante baterías (BESS) se han convertido en elementos estratégicos para sostener el crecimiento tecnológico y económico de los próximos años.

En Europa, los plazos de conexión para nuevos proyectos energéticos pueden superar ya los cuatro años, mientras que distintos análisis del sector estiman que alrededor del 20 % de los proyectos previstos podrían sufrir retrasos por falta de capacidad energética disponible.

El almacenamiento energético está ganando protagonismo como infraestructura clave para aportar estabilidad y flexibilidad al sistema. La caída del 86 % en el precio de las baterías desde 2013 ha mejorado significativamente la viabilidad económica de este tipo de activos y acelerado su despliegue en mercados internacionales.

“La necesidad de almacenamiento ya no responde a un ciclo temporal o especulativo. Es estructural. Cada nuevo megavatio renovable y cada nuevo centro de datos aumentan la necesidad de sistemas capaces de estabilizar la red y garantizar suministro”, explica Dávila.

El capital privado gana peso en la financiación energética

La dimensión de inversión necesaria está impulsando una transformación en los modelos de financiación de infraestructura energética. BloombergNEF estima que la inversión global en transición energética alcanzó un récord histórico de 2,3 billones de dólares en 2025, mientras que Wood Mackenzie calcula que serán necesarios 1,2 billones de dólares adicionales en almacenamiento energético mediante baterías hasta 2034.

La propia Comisión Europea reconoce que el capital público no será suficiente para cubrir estas necesidades. Dentro de AccelerateEU, el organismo estima que Europa necesitará movilizar alrededor de 660.000 millones de euros anuales hasta 2030 para financiar su transición energética, priorizando especialmente renovables, redes y almacenamiento.

Julio Fernández, CEO de JubilaME

Este escenario exige nuevas fórmulas de movilización de capital y una mayor colaboración entre el sector público y la inversión privada.

La transición energética ya no es solo una cuestión medioambiental, sino una necesidad macroeconómica y estratégica para Europa. Las administraciones pueden marcar objetivos y facilitar marcos regulatorios, pero la escala de inversión necesaria obliga a incorporar capital privado de forma mucho más amplia y eficiente”, afirma Fernández.

La infraestructura energética gana espacio en las carteras

La evolución del mercado está favoreciendo también un cambio en la percepción de la energía como activo financiero. Los contratos de suministro energético a largo plazo (PPA), los mecanismos regulados de capacidad y la demanda estructural de electricidad están acercando la infraestructura energética a perfiles inversores tradicionalmente alejados de este sector.

Frente a la volatilidad de otros segmentos financieros, este tipo de activos ofrece exposición a flujos de larga duración, contratos vinculados a inflación y una menor correlación con los ciclos bursátiles. Goldman Sachs Asset Management identifica ya la infraestructura como una de las megatendencias que más está impulsando su adopción dentro del segmento wealth, especialmente en un contexto de búsqueda de estabilidad y diversificación.

“La gran cuestión ya no es si necesitaremos más energía. Eso ya está claro. La verdadera pregunta es quién financiará toda la infraestructura necesaria para sostener el próximo ciclo tecnológico y económico”, concluye Dávila.

Tribuna escrita por Fernando Dávila, CEO de Crowmie, y Julio Fernández, CEO de JubilaME.

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