
Seguros Atocha comparte una nueva tribuna de opinión de Pepe Peidró, psicólogo especialista en duelo y relaciones, en la que reflexiona sobre la llamada “sociedad tanatofóbica” y cómo el miedo a la muerte se construye culturalmente y afecta a la forma de vivir las pérdidas.
Una sociedad que evita hablar de la muerte
El análisis parte de una paradoja: mientras crece la conversación sobre salud mental y bienestar emocional, la muerte sigue siendo un tema evitado. Según Peidró, la tanatofobia describe precisamente ese fenómeno: una sociedad que teme la muerte y, por ello, la invisibiliza en el lenguaje y en la vida cotidiana.
Este rechazo no reduce el impacto emocional, sino que lo amplifica, al impedir desarrollar herramientas para afrontarlo.
Un aprendizaje que comienza en la infancia
La evitación de la muerte se construye desde edades tempranas. A los niños se les aparta de contextos como funerales o tanatorios, lo que transmite la idea de que la muerte es algo negativo o inapropiado.
Este aprendizaje se consolida en la vida adulta, donde muchas personas evitan hablar del tema o no saben cómo acompañar a alguien en duelo, no por falta de empatía, sino por inseguridad o miedo a equivocarse.
El impacto del silencio en el duelo
La tribuna subraya que el silencio social en torno a la muerte tiene consecuencias directas:
- Aumenta la sensación de soledad en las personas que atraviesan un duelo
- Dificulta la expresión emocional
- Reduce la preparación psicológica ante una experiencia inevitable
En este contexto, la tendencia a “cambiar de tema” o evitar conversaciones incómodas limita la capacidad de acompañamiento real.
Acompañar sin intervenir: una clave esencial
Peidró plantea un cambio de enfoque: acompañar no significa resolver ni ofrecer respuestas perfectas, sino estar presente.
El acompañamiento efectivo se basa en:
- Escucha activa
- Presencia emocional
- Respeto por los tiempos del duelo
Cada proceso es único y requiere espacios seguros donde la persona pueda expresar lo que siente sin presión ni juicio.
Hablar de la muerte como parte del bienestar
La reflexión concluye con una idea central: hablar de la muerte no incrementa el dolor, sino que ayuda a gestionarlo mejor. El verdadero problema radica en el silencio, en lo no expresado.
Superar la tanatofobia no implica eliminar el miedo, sino integrar la muerte en la conversación social con mayor naturalidad, facilitando así una vivencia del duelo más acompañada y consciente.