
Las compras impulsivas suelen iniciarse con inquietud y pensamiento insistente sobre el producto. El periodo de rebajas incrementa de forma significativa los estímulos comerciales y el volumen de gasto.
la exposición constante a ofertas limitadas reduce el tiempo entre el deseo y la acción. Este contexto no provoca por sí solo una conducta adictiva, aunque sí favorece que algunas personas recurran a la compra como una vía rápida para aliviar su tensión emocional.
El periodo de rebajas multiplica los estímulos de compra. Según la Asociación Española de Consumidores, cada español que acude a las rebajas de verano gasta una media de 109 €. En la mayoría de los casos, se trata de compras puntuales dentro de un consumo habitual, pero cuando el impulso se vuelve difícil de frenar, se repite pese a sus consecuencias y genera malestar posterior, puede estar relacionado con un patrón de compra compulsiva conocido como oniomanía.
Diana Camín, psicólogo de Blua de Sanitas
“La compra compulsiva, también conocida como oniomanía, suele seguir un patrón repetido. Antes de comprar aparece inquietud o un pensamiento insistente sobre el producto; durante la compra se produce un alivio inmediato y, posteriormente, surge el malestar. Esta secuencia refuerza el comportamiento, ya que la persona aprende a utilizar la compra como una forma de regular emociones difíciles”.
Además, no siempre se identifica con facilidad. Al tratarse de una conducta socialmente aceptada, en ocasiones se atribuye a una falta de organización, a un capricho o a una mala gestión económica, lo que puede retrasar la petición de ayuda.
“Cuando la compra compulsiva se mantiene en el tiempo, el problema no se limita al gasto. Esa pérdida de control afecta a la autoestima, genera tensión en las relaciones personales y, en algunos casos, también altera el descanso, ya que la preocupación aparece después de la compra. Por ello, conviene preguntarse qué papel está teniendo esa conducta, es decir, si sirve para calmar la ansiedad, llenar un vacío o evitar una emoción difícil”, añade.
Pautas para manejar mejor el impulso de compra durante las rebajas:
Diferenciar necesidad y oportunidad. Antes de comprar, conviene preguntarse si el producto se habría adquirido sin descuento. Esta pausa contribuye a detectar si la decisión responde a una necesidad real o al miedo a perder una oferta.
Identificar qué emoción aparece antes del impulso. La urgencia por comprar suele aparecer tras un momento de tensión, soledad o frustración. Reconocer ese desencadenante permite distinguir una compra planificada de una respuesta emocional automática.
Introducir distancia antes de pagar. Esperar unas horas antes de finalizar una compra online, eliminar tarjetas guardadas o desactivar avisos comerciales son medidas que ayudan a recuperar margen de decisión. La pausa no elimina el problema por sí sola, pero reduce la impulsividad.
Revisar la relación con la culpa. El malestar posterior es una señal clave. Si después de comprar aparecen vergüenza, ocultación o promesas repetidas de cambio, puede haberse producido una pérdida de control que requiere atención.
“En caso de que la conducta se repita de forma frecuente y no se logre frenar el impulso, es importante consultar con un profesional de la salud mental, ya sea de manera presencial o a través de videoconsulta. Un especialista podrá evaluar la conducta y ayudar a la persona a encontrar otras formas de gestionar el malestar sin recurrir a compras que posteriormente generen culpa o malestar emocional”, concluye Diana Camín.