El síndrome del trabajador burbuja difumina los límites entre la vida laboral y personal

El síndrome del trabajador burbuja difumina los límites entre la vida laboral y personal

La conexión permanente con el trabajo aumenta el riesgo de sufrir el síndrome del trabajador burbuja y afecta al bienestar de los empleados. Datos del Foro Económico Mundial y de Cigna reflejan las dificultades de los trabajadores para desconectar del trabajo fuera de la jornada.


Para algunas personas, terminar la jornada laboral no implica dejar de trabajar. Aunque hayan salido de la oficina o apagado el ordenador, continúan pendientes del correo, responden mensajes, revisan tareas o dedican parte de su tiempo libre a cuestiones relacionadas con su entorno laboral. Cuando esta conexión permanente acaba dificultando la desconexión y el trabajo invade también los momentos destinados al descanso, al ocio o a la vida personal, puede aparecer el denominado síndrome del trabajador burbuja, un fenómeno que refleja cómo los límites entre la vida laboral y la personal terminan por difuminarse.

Esa sensación de conexión permanente con el trabajo puede adoptar formas muy diferentes

Ha llegado a convertirse en una realidad para muchos trabajadores. De hecho, según datos del Foro Económico Mundial, un 10% de los trabajadores revisa su correo corporativo de forma compulsiva y otro 10% lo consulta al menos una vez por hora. La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo señala que tres de cada cuatro personas afirman tener dificultades para desconectar fuera del horario laboral. A ello se suma que el 64% de los españoles asegura trabajar más de 40 horas a la semana, según el Cigna International Health Study.

En verano, este fenómeno adquiere una dimensión especialmente relevante

Las vacaciones representan el principal momento del año para recuperar la energía física y mental, pero no siempre suponen una desconexión de verdad. Por ejemplo, responder un correo desde la playa, aprovechar un trayecto para atender una llamada o revisar un mensaje de trabajo durante una comida familiar pueden parecer gestos puntuales. Sin embargo, cuando estas pequeñas interrupciones se convierten en una costumbre, el cerebro permanece parcialmente conectado al entorno laboral, dificultando que el descanso cumpla realmente su función.

Amira Bueno, directora de Recursos Humanos de Cigna Healthcare España

“Uno de los principales problemas de este síndrome es que no suele percibirse como tal. Al contrario, muchas de las conductas que lo caracterizan se premian o se interpretan como una demostración de compromiso y dedicación. Cuando responder fuera de horario, estar siempre disponible o pensar constantemente en el trabajo deja de verse como una excepción y pasa a considerarse la forma habitual de trabajar, resulta mucho más difícil detectar que esa dinámica puede estar influyendo en el bienestar de la persona. Por eso es importante que las organizaciones no solo promuevan la desconexión, sino que identifiquen qué comportamientos, ya sea de manera directa o indirecta, se están reforzando dentro de su cultura corporativa”.

Cigna Healthcare señala cinco estrategias que pueden ayudar a prevenir el síndrome del trabajador burbuja:

Rebajar la autoexigencia.

No siempre son las cargas de trabajo las que dificultan la desconexión. En muchos casos, la necesidad de revisar continuamente las tareas, el miedo a cometer errores o la dificultad para dar un proyecto por terminado prolongan innecesariamente la jornada. Promover una cultura donde exista margen para priorizar, aprender y asumir que no todas las tareas requieren el mismo nivel de exigencia ayuda a reducir esa presión constante.

Revisar qué comportamientos se premian.

La cultura de una organización también se construye a partir de los comportamientos que se reconocen y se toman como referencia. Cuando responder correos fuera del horario laboral, atender mensajes durante las vacaciones o mostrarse siempre disponible se interpreta como una muestra de implicación, esas conductas acaban normalizándose dentro de los equipos. Es importante que la implicación no se mida por la disponibilidad permanente.

Compartir responsabilidades.

Cuando determinadas funciones o decisiones recaen siempre sobre las mismas personas, aumenta la percepción de que deben estar disponibles en cualquier momento. Favorecer una distribución equilibrada de responsabilidades, documentar procesos y fomentar la autonomía de los equipos reduce esa dependencia y facilita que el descanso no dependa de la presencia constante de un único profesional.

Planificación vs. improvisación.

Cuando la actividad diaria se organiza en torno a cambios constantes de prioridades o urgencias de última hora, resulta más difícil distribuir la carga de trabajo de forma equilibrada. Incorporar dinámicas de planificación y priorización permite optimizar los tiempos, reducir la presión innecesaria y minimizar la sensación de que todo requiere una atención inmediata.

Proteger los periodos de desconexión.

Las vacaciones y los días libres deben entenderse como una oportunidad para recuperarse física y mentalmente. Salvo situaciones excepcionales, evitar llamadas, correos o mensajes durante esos periodos favorece una recuperación más completa y ayuda a que la vuelta al trabajo se produzca con mayor bienestar.

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