
La capacidad para diseñar y lanzar nuevos productos se ha convertido en una prioridad estratégica para el sector asegurador. En un entorno marcado por la evolución constante de los riesgos, los cambios en los hábitos de consumo y la transformación de los canales de distribución, las compañías buscan acortar los tiempos de desarrollo y ganar agilidad para responder a las nuevas demandas del mercado.
Según diversos estudios citados por Charles Taylor, los procesos tradicionales de creación de productos aseguradores pueden prolongarse entre seis y doce meses y, en proyectos más complejos, extenderse incluso durante uno o dos años. Sin embargo, las aseguradoras que han apostado por arquitecturas digitales y procesos más flexibles logran reducir estos plazos hasta en un 75%.
La modernización tecnológica, clave para acelerar el negocio
Para Charles Taylor, el reto no consiste únicamente en implantar una nueva plataforma tecnológica, sino en transformar de forma integral la operativa de las aseguradoras. Esto implica modernizar la arquitectura tecnológica, estructurar la información, simplificar procesos y conectar los sistemas centrales con herramientas de automatización, analítica avanzada e inteligencia artificial.
«El problema no suele ser la falta de ideas. Las aseguradoras saben qué productos quieren desarrollar, qué segmentos desean atender y qué experiencias necesitan ofrecer. La dificultad aparece cuando deben transformar esa visión en una solución real, integrada y lista para operar», explica Manuel Parma, director de Inteligencia Artificial de Charles Taylor.
En muchas entidades, la configuración de un nuevo producto sigue dependiendo de desarrollos específicos, tareas manuales y procesos fragmentados entre diferentes departamentos, lo que ralentiza no solo el lanzamiento inicial, sino también las posteriores modificaciones de tarifas, coberturas o estrategias comerciales.
Menos tiempo y más capacidad para innovar
La compañía destaca que la reutilización de componentes tecnológicos y la implantación de plataformas configurables permiten transformar proyectos puntuales en capacidades permanentes.
La experiencia acumulada por Charles Taylor en distintos proyectos demuestra que algunos productos que tradicionalmente habrían requerido varios meses de trabajo pudieron desarrollarse en apenas unas semanas gracias a metodologías de implantación incremental y herramientas previamente configuradas.
Además, las capacidades creadas para una línea de negocio pueden aprovecharse posteriormente para diseñar nuevos productos sin necesidad de empezar desde cero, reduciendo progresivamente el esfuerzo y el tiempo necesarios para cada lanzamiento.
La inteligencia artificial gana peso en el desarrollo asegurador
La inteligencia artificial está añadiendo una nueva dimensión a esta transformación. Su aplicación permite automatizar tareas como el análisis documental, la extracción de datos, la interpretación de reglas, la migración de información o la preparación de pruebas.
Según Charles Taylor, la IA también puede reducir hasta un 80% el tiempo invertido en analizar si un siniestro está cubierto por una póliza, liberando a los equipos de tareas repetitivas para centrarse en actividades de mayor valor añadido.
«La inteligencia artificial no sustituye el conocimiento actuarial, técnico o asegurador. Lo amplifica. Puede identificar patrones y acelerar procesos, pero las decisiones críticas deben seguir bajo supervisión humana», subraya Manuel Parma.
La velocidad se convierte en ventaja competitiva
La digitalización está modificando las reglas de juego del sector asegurador. Ya no basta con diseñar productos competitivos: las compañías necesitan ser capaces de lanzarlos, adaptarlos y escalarlos antes de que cambien nuevamente las necesidades del mercado.
En este contexto, la combinación de tecnología, automatización e inteligencia artificial se perfila como uno de los principales factores para mejorar la capacidad de innovación de las aseguradoras y reforzar su competitividad en un entorno cada vez más dinámico.